- Te ves genial. -dijo Lia, cuando salí del baño de su casa.
Fui a mirarme al espejo del guardarropa.
El vestido era alucinante.
- Pero no estoy muy segura de las sandalias - dije.
No me había atrevido a ordenar también zapatos del catálogo, de modo que tuve que ponerme mis sandalias negras del verano. No hacían juego con el vestido y se veían un poco baratas en comparación con los zapatos sexis de Lia y Becca.
- Podrías ir descalza - sugirió Becca -, como aquella cantante de los años sesenta.
- Sandie Shaw - recordó Lia -. Creo que papá le envió una invitación, pero no sé si viene.
- Descalza con menos de 1,60 m - dije, riendo -. No lo creo; van a pensar que tengo nueve años.
La puerta del cuarto de Lia se abrió y entró una de las chicas más hermosas que yo hubiera visto. Igual que Lia, era rubia y delgada, pero tenía el cabello cortísimo, lo que destacaba sus pómulos a la perfección.
- Ustedes deben ser Cat y Becca - dijo, sonriendo -. Lia me habló mucho de ustedes.
- Y tú debes ser Estrella - respondí -. ¿Alguna vez te han dicho que encandilas?
- Sí - rió, mientras evaluaba nuestro vestuario -. Especialmente los hombres desagradables que creen ser los primeros en tener esa ocurrencia. Vaya. Mírense, las tres. Cuidado, chicos, aquí hay tres chicas deslumbrantes para elegir: una rubia, una morena y una pelirroja -. Luego miró mis pies y suspiró -. ¿Qué número calzas, Cat?
- Treinta y seis.
- Ah. Perfecto - dijo, y desapareció, pero regresó un minuto después con una caja de zapatos -. Toma, pruébate éstos - prosiguió, mientras sacaba el par de zapatos más divino que hubiera visto -. Regla número uno de cualquier atuendo: que no te fallen los zapatos.
Me entregó un par de zapatos de gamuza color púrpura, de tacón bajo, con una florcita en la punta.
- Son de Emma Hope - explicó, y asentí como si supiera quién era Emma Hope -. Sexis pero, a diferencia de algunos zapatos de tacón alto, se puede caminar con ellos.
- Y ¿cuál es la regla número dos? - pregunté, mientras me probaba los zapatos.
- Que no te falle la ropa interior - respondió.
- Yo creía que eso era un caso de accidente - intervino Becca -. Mi abuela siempre decía eso cuando éramos pequeños. "Siempre tengan ropa interior limpia por si los atropella un coche. "
- No me refería a eso - repuso Estrella, riendo, y me guiñó un ojo como si yo supiera a qué se refería.
Los zapatos lucían fabulosos. Eran del tono exacto del vestido y, de pronto, el atuendo quedó perfecto.
- "Pues entonces irás al baile", le dijo el Hada Madrina - sentenció Becca.
- La historia de mi vida - le expliqué a Estrella.
Luego de que Becca hiciera su pregunta de rutina ( "¿Esto no me marca demasiado trasero? " ) y de que le aseguráramos que no, nos pusimos un poco de perfume, un toque de brillo labial y estábamos listas para hacer nuestra entrada.
La fiesta estaba a pleno cuando llegamos abajo. Sentía el estómago alborotado por la excitación al observar el ambiente: gente que conversaba y reía, el tintineo de las copas y el sonido de las botellas de champaña al ser descorchadas. La Sra. Axford había iluminado la casa con velas y se veía maravillosamente romántica, bañada en esa suave luz color miel.
- ¿Qué es ese aroma tan delicioso? - pregunté a Lia.
- Jazmín. Mamá compró velas aromáticas. Es celestial, ¿verdad?
Asentí. Celestial era la palabra exacta. Todos estaban taaaan elegantes con vestidos de noche y zapatos bellísimos. Al ver a todos aquellos invitados, me alegré de haber comprado el vestido; de no haberlo hecho, habría quedado muy fuera de lugar. Vi a Zoom, filmando de una habitación a otra, y nos saludó con la mano al vernos; luego nos enfocó con la cámara un momento antes de seguir hacia otra parte. Parecía encontrarse en su elemento.
- Voy a saludar a unas personas - dijo Lia -. Vuelvo enseguida, sírvanse lo que quieran.
Becca y yo nos sentíamos tímidas y sorprendidas por todas las caras famosas que había allí. Al principio, nos quedamos cerca de la escalera, tratando de no parecer tan fascinadas viendo pasar estrellas a quienes sólo habíamos visto en la MTV. Y ahí estaban, de carne y hueso. En la misma fiesta que nosotras.
- Dios mío - dijo -. ¿Ese tipo no es el de aquella banda, The Heartbeats?
Me di vuelta para mirar.
- Sí, es él, Bec, creo que no me voy a atrever a cantar delante de toda esta gente.
- Tonterías - replicó Becca -. Es una sola canción y la ensayamos muchísimo. A propósito, ¿no has visto a Jade? Iba a traer la base instrumental.
Un poco después vi a Jade, que venía hacia nosotras entre la multitud. Ella también se veía increíble, con una mini de cuero blanco y una chaqueta con remaches.
- Bien rockera - le dije.
Jade estaba de buen humor.
- Gracias. Y me gusta tu vestido. En realidad, estaba buscándolas. Debemos actuar pronto en el salón verde.
- ¿Tienes la cinta? - le pregunté.
- No - dijo -. Ibas a traerla tú.
- No, yo no. Te la di a ti.
- No me la diste.
- Si te la di.
No quería arruinar la noche con una discusión.
- Miren. Es una canción muy conocida, así que busquemos a Lia y preguntémosle si, por milagro, tiene un CD con es pista; al menos podremos cantar con el CD.
- Buen plan - dijo Becca, que estaba mirando a Jade con furia.
- Tú ve por allá, Bec - le dije, señalando a la derecha -. Jade, tú busca arriba y yo iré por allá. Nos encontraremos aquí en diez minutos. Luego quizá podamos ensayar una vez más en el cuarto de Lia.
Me daba un poco de timidez caminar por allí sola pero, en cierto modo era halagador, pues recibía bastantes miradas de los hombres presentes. Eran todos muy viejos, pero aun así era agradable que repararan en mí.
- Te ves muy bien - dijo Mac, sonriendo, al pasar con una bandeja de bebidas.
- Tú también - respondí -. Me gusta cómo te queda ese traje de mesero.
- Muy cierto - ronroneó una señora rubia de mediana edad mientras aceptaba una copa -. Me encantan los hombres con uniforme.
Mac la siguió y me dirigió una cara de incredulidad.
Entré al salón verde, donde ya había empezado el show de los talentos. Una mujer a quien creí reconocer de la televisión por cable estaba cantando y tocando el piano. Era brillante y la multitud aplaudió con ganas cuando terminó. Me quedé a escuchar un momento mientras buscaba a Lia con la vista. Ollie estaba del otro lado del salón y, al verme, se llevó la mano al corazón y me sopló un beso. Me puse muy contenta. Iba a ser una fiesta excelente.
Luego subió al escenario una mujer que cantó una canción de Madonna. Era pésima, realmente horrible, y traté de no mirar a Ollie porque sabía que me reiría. Cuando terminó, todo el mundo volvió a aplaudir con ganas y, cuando la mujer bajó del escenario, oí que le decían: "Felicitaciones" y "Brillante actuación".
Todos somos embusteros, pensé, y a veces con razón. Si alguien le hubiera dicho "Cantaste horrible", le habría arruinado la noche. La reacción de los invitados me confirmó una vez más que había um momento y un lugar para decir una mentira piadosa. Mientras la Sra. Axford anunciaba el siguiente acto, recordé que debía estar buscando a Lia y obligué a seguir haciéndolo.
Busqué en dos de las salas a la izquierda pero no había señales de ella. Tampoco había rastros de Jade o Becca junto a la escalera, de modo que decidí probar en el estudio del Sr. Axfprd. Cuando abrí la puerta para asomarme, no había nadie allí, pero me detuve un momento para apreciar el ambiente.
Igual que el resto de la casa, el estudio estaba bañado por la luz de las velas y alguien había encendido el hogar. Era muy acogedor, como uno de esos clubes para caballeros que se ven en las películas, con paneles de madera en las paredes, sofás de cuero oscuro y altas bibliotecas llenas de libros. No pude evitar echar un vistazo a algunas de las fotos enmarcadas del Sr. Axford cuando estaba de gira con su banda, Hot Snax. De pronto, dos manos me tomaron por la cintura, me empujaron con suavidad hacia el interior de la habitación.
Ollie cerró la puerta, me tomó la mano y me llevó a uno de los sofás.
- Ven a sentarte junto al fuego, Cat.
Me senté en el borde del sofá; él se sentó a mi lado y se recostó. Se veía muy sexy, y sentada allí en aquel ambiente tan romántico, volvieron a invadirme todos los sentimientos que había estado reprimiendo.
- Al fin solos - dijo, volviendo a tomar mi mano.
- Pero no estamos solos - bromeé, nerviosa -. Hay muchísima gente.
Rió y me rodeó con el brazo.
- Ya lo sé. Pero no hemos podido conversar como se debe en mucho tiempo. Desde aquel día en la playa.
Me alejé un poco de él, pero volvió a acercarse.
- Tranquila - dijo -. No te voy a atacar.
Sonreí. ¡Qué nerviosa estaba! Me sentía tonta, como una chiquilla inmadura. No quería que pensara que era inexperta o una monja, de modo que no volví a apartarme. Además, me agradaba. Me gustaba la sensación que me provocaba siempre que estaba cerca. Calmada y caótica a la vez.
- ¿Alguna vez te dijeron que tienes una boca hermosa? - preguntó, con la mirada fija en mis labios.
Meneé la cabeza y traté de pensar en algo gracioso que contestarle, pero era demasiado tarde: se inclinó y me besó.
Al principio iba a apartarlo, pero me agradaba mucho. Él besaba muy bien: con suavidad y firmeza a la vez. Justo cuando me atraía más aún hacia el respaldo del sofá, se abrió la puerta.
- Lo siento. ¡Oh! ¡Eres tú! - exclamó Becca, muy pálida, cuando nos vio. Luego salió corriendo y dejó la puerta abierta.
- Cielos, debo irme - dije a Ollie, que pareció desconcertarse cuando lo aparté de un empujón y corrí detrás de Bec.
La busqué por todas partes con deseperación, pero parecía haberse esfumado.
- ¿Has visto a Becca? - pregunté a Lia, que estaba conversando con Mac en la cocina mientras él reponía las bebidas en su bandeja.
- La vi subir - dijo Zoom, a quien vi de pronto tendido debajo de la mesa.
- ¿Qué haces ahí abajo? - le pregunté.
- La Sra. Axford me pidió que filmara la fiesta desde todos los ángulos - respondió -. Lo bueno, lo malo y lo feo.
- Hummm - dije, dirigiéndome a la puerta -. Hablando de malo, no has visto a Jade, ¿verdad?
- La vi entrar al estudio - respondió Mac.
No pude resistirme. Tenía que ver si Ollie seguía allí y si Jade estaba haciendo su rutina de "Soy de cualquiera pero especialmente tuya".
Recorrí el pasillo con sigilo, abrí un poco la puerta y espié hacia adentro. Se me detuvo el corazón. Efectivamente, Ollie seguía allí. Y estaba besando a Jade. Sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago y tratabillé, atónita. Oh, Dios mío, así debe haberse sentido Becca. Y todo por un chico estúpido que sólo quiere besarse con alguien, no importa quién. ¡Diablos! ¡Era rápido! ¿Cómo había podido ser tan iingenua como para creerme especial? Lia me había prevenido, y me había hablado de todas esas chicas tontas que pensaban que lo cambiarían.
Corrí hasta la cocina y encontré a Zoom filmando desde encima del refrigerador.
- ¿Esa cámara tiene reproducción instantánea? - le pregunté.
Asintió.
- ¿Puedes filmar algo o, mejor dicho, a alguien por un momento? Pero que no te vean.
Zoom volvió a asentir y bajó de un salto.
- Me gusta filmar en secreto; da interesantes resultados. Adelante, yo te sigo.
Regresamos al estudio en puntas de pie y, una vez más, abrí la puerta para que Xoom pudiera meter la cámara.
- Ah, ahora te entiendo - dijo, al ver que aún seguían en el sofá. Filmó unos segundos y luego retiró la cámara.
- ¿Quieres, por favor, mostrarle eso a Becca? Quiero mostrarle que Ollie persigue a cualquiera y que no vale la pena estar enamorada de él.
Zoom me miró con atención.
- De acuerdo. Pero ¿tú estás bien, Cat? Pareces alterada.
- Estoy bien - respondí, recordando algo que había oído decir a una chica de undécimo año en la escuela. "Bien", había dicho: B:Boba. I:Insegura. E: Exhausta. N:Neurótica.
Lia nos llamó desde la escalera.
- Bec está en mi baño - dijo -. ¿Quieren subir?
Me volví hacia Zoom.
- Déjame hablar con ella primero, ¿de acuerdo?
- Está bien.- Se encogió de hombros -. Si estás segura de que esto es una buena idea.
Subí la escalera corriendo y entré a la habitación de Lia. Llamé a la puerta del baño.
- Bec, soy yo. ¿Puedo pasar?
- Vete - dijo.
- Por favor, Bec.
- VETE. No quiero hablar contigo.
- Pensé que querrías saer que ahora Ollie está besándose con otra allá abajo.
Silencio.
- Está besándose con Jade.
Silencio.
- Becca. Sólo quiero que sepas que él no vale la pena. No quise besarlo. Estaba buscando a Lia y él me empujó al estudio y me besó, justo cuando tú entraste.
Silencio.
- Él dio el primer paso.
Más silencio.
- Oh, por favor, Becca. No vale la pena pelearnos por él.
Oí destrabarse la puerta.
-¿Cómo sé que no lo estás inventando?
- Espera aquí.
Salí al corredor y llamé a Zoom.
- Reproduce el video, Zoom.
Zoom hizo lo que le pedí y mostró la escena que acababa de filmar. Becca la observó y luego me miró.
- ¿Zoom sabe lo que pasó antes? - preguntó.
Sentí que se me aceleraba el corazón. Por favor, no digas nada, pensé. Ahora no. No de esta manera. No sería justo para Zoom.
- Hace mucho que estaba detrás de Ollie - prosiguió Becca -, desde que fuimos a Rock y quién sabe cuánto tiempo antes.
Quise morirme.
- Jade es una cerda. Sabía que me gustaba Ollie, pero ni siquiera me dió una oportunidad. Que tengan suerte.
De pronto, enlazó su brazo con el mío y sonrió.
- Son el uno para el otro.
- Esa es la actitud - dijo Zoom -. Te felicito, Becca. Tienes razón: si no se fijó en alguien tan fabulosa y divertida como tú, olvídate de él. Bueno, debo irme, tengo más gente que filmar. - Se llevó la cámara al ojo y filmó el dormitorio un momento -. Hasta luego.
Cuando se fue, miré a Becca.
- Lo siento mucho, Bec.
Becca se encogió de hombros.
- ¿Besa bien?
No quise mentirle, de modo que asentí.
Becca volvió a encojerse de hombros.
- A veces se gana. a veces se pierde. Hace semanas que estoy obsesuinada por él y apenas me ha mirado. Y Lia me advirtió que era así. No dejaré que me arruine la noche. Y, para serte sincera, ya empezaba a cansarme de él. Los amores no correspondidos no son lo mío.
La abracé con fuerza.
- Eres mi mejor amiga, Becca. La mejor de todas. Y lamento muchísimo haber besado a Ollie.
- Yo también. Pero tienes razón, no vale la pena pelearnos por él, ¿verdad? Me sentí muy mal ahí sentada en ese baño.
Volví a abrazarla.
- Hace años que somos amigas, Bec; es importante que no dejemos que nada se interponga. Los chicos viene y van, pero los verdaderos amigos siempre estarán.
- Sí. Y Lia nos previno sobre él. Creo que no tienes la culpa de que le hayas gustado.
- Yo, Jade y medio mundo - repuse.
- Si, quizá. Pero esta noche no pienso cantar con Jade.
- Me parece bien. De todos modos, no quería hacerlo. Aunque ... sí podríamos hacer un acto de arrojar cuchillos.
Becca sonrió.
- ¿Con Jade como blanco?
- Exactamente.
Becca se peinó el cabello que, por una vez, le había quedado lacio y liso, y se volvió hacia mí.
- Olvidémonos de él, ¿sí? Los chicos no valen la pena.
- De acuerdo - respondí -. Los amigos valen mucho más. - Me acerqué a ella frente al espejo y empecé a cantar: "El amor duele, el amor deja cicatrices ... "
- "El amor lastima y destruye", cantó Becca a su vez, y reímos.
Lia entró y nos encontró tiradas sobre la cama, riendo a más no poder.
- ¿Qué ocurre?
- Acabamos de decidir que los chicos apestan - dijo Becca.
- Incluido mi hermano - agregó Lia.
- Te rompen el corazón - suspiré.
- Muy cierto - dijo Lia -. Vayamos entonces a hacerles lo mismo.
Nos retocamos el maquillaje y el peinado y salimos al segundo round.
Nos dirigimos a la cocina, que es donde parecían estar casi todos los chicos, atracándose de bocaditos y de canapés como si nunca hubieran comido.
Qué alivio, pensé, al ver a Becca entablar conversación con Mac y luego reír por algo que él decñia. Todo va a estar bien. Nada podría ser peor que lo que había pasado media hora antes.
- Voy a tomar un poco de aire - dije, mientras abría la puerta y salía a la terraza.
Una ves afuera, me recosté contra la pared y levanté la vista hacia las estrellas. Me sentía triste. Si bien había actuado como si no me importara, aún me dolía haber encontrado a Jade con Ollie. Había creído que teníamos algo especial y que él sentía lo mismo por mí. Ja.
Qué gran lección, pensé. Enorme lección. No todos los chicos son como Zoom, confiables y fieles. Si confías en el chico equivocado, terminas lastimada. Qué ingenua había sido.
En ese momento, Max y Molly se percataron de mi presencia. Seguramente los habñian sacado al jardín para que no importunaran a los invitados. Saltaron a mi alrededor con su entusiasmo habitual y traté de apartarme antes de que me ensuciaran con sus patas embarradas. Abrí la puerta para volver al interior, pero fue demasiado tarde: Molly atrapó con la boca el dobladillo de mi vestido y, cuando intenté entrar, oí un sonoro desgarro.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
sábado, 14 de febrero de 2009
miércoles, 11 de febrero de 2009
Un hada madrina
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó Emma, al encontrarme con la cabeza dentro del armario y toda mi ropa desparramada en el suelo.
- Es un desastre, Em - le dije -. Me invitaron a una fiesta y no tengo nada que ponerme. Necesito algo muy especial.
Emma se acurrucó en la cama de abajo.
- Necesitas un hada madrina. Como la Cenicienta.
- No conoces alguna, por casualidad, ¿no?
Emma meneó la cabeza, luego fue a uno de sus cajones y sacó una diminuta malla azul.
- Si quieres, puedo prestarte esto.
- Gracias, Em, pero creo que es un poquito pequeña.
Tanto Becca como Lia habían ofrecido prestarme algo suyo y había tenido una sesión en la casa de cada una, revisando el vestuario, pero no era de mi talle. Cuando me probaba la ropa de ella, se notaba que no era mía. Becca mide 1,70 m y yo no llego a 1,60 m. Sus vestidos me van grandes. Lo mismo pasa con Lia; ella mide 1,67 m pero es delgada y tiene poco pecho, de modo que su ropa me ajustaba por arriba y era muy larga abajo. Empezaba a pensar que, después de todo, habría sido más fácil ir como mesera.
- ¿Y tu top plateado? - preguntó Emma -. Es bonito.
- Está un poco menos bonito desde que Luke lo lavó con sus cosas de fútbol. Además, necesitaría algo que combine. Siempre me lo pongo con jeans para la discoteca de la escuela, y a esta fiesta no puedo ir en jeans.
- Pídele a papá algo nuevo.
- Ya lo hice. Me dijo que me pusiera el vestido que usé el año pasado cuando fui dama de honor en la boda de la tía Brenda.
Hasta Emma hizo una mueca ante esa sugerencia. El vestido era de un color rosado con mangas abultadas y, cuando lo tenía puesto, me sentía como si debieran colgarme de un árbol de Navidad. ¿Sexy? No precisamente.
Emma volvió a revisar su cajón y sacó su alcancía de Barbie. La abrió y me dio dos monedas de veinte peniques.
- Toma, puedes usar todo mi dinero.
Le di un abrazo.
- Gracias, Em. Eres un sol.
Puede ser muy dulce, cuando quiere.
Volví a guardar toda mi ropa y luego bajé a ver la tele con los demás. Me sentía muy desgraciada. Era la primera vez que me invitaban a algo tan elegante. La hermana de Lia, Estrella, vendría de Londres con todas sus amigas modelos; la mitad de los músicos de rock estarían allí, además de la Sra. Axford, que siempre parecía salida de la portada de Vogue y, desde luego, Ollie. Y Jade. Sin duda, tendría planeado algún numerito fabuloso, y yo me vería como una empleada doméstica. Estoy segura de que mamá me habría entendido, si hubiera estado aquí. Un padre no entiende la importancia de lucir como una diosa en ocasiones como ésta; al menos, no mi papá.
- ¿Por qué quieres dinero para comprar un atuendo que te pondrás una sola vez y luego quedará guardado en el armario? - me había dicho.
No era justo.
Lia y Becca no tenían ese problema. Tenían madres que las llevaban de compras. Lia había ido a Londres con la suya y regresado cargada de bolsas con cosas increíbles de diseñadores famosos, envueltas en papel de seda. Su mamá le había comprado lo mejor: zapatos sexis de taco alto, una gargantilla de strass que parecía haber costado una fortuna y un minivestido de encaje azul pálido. Hasta había comprado ropa interior sexy y maquillaje. Cuando se probó todo junto, parecía una millonaria.
La mamá de Becca también le había comprado cosas nuevas. La había llevado a Exeter y Becca había elegido un top negro sin mangas con un adorno de plumas, pantalones ajustados de satén negro y unos zapatos negros altísimos sin talón. Parecía de dieciocho años y muy sofisticada.
Y yo me veía llegando con mi vestido rosado de dama de honor. Sería el hazmerreír. No tiene sentido, pensé, tratando de concentrarme en la tele. No podré ir.
Papá debía sentirse culpable, porque no dejaba de mirarme cada tanto.
- Anímate, querida.
- Mmmm - respondí.
- Francamente, Cat, con tu belleza, serás la más linda del baile. No necesitas ropa elegante para destacarte entre la multitud.
- Sí, claro - dije. Realmente no entiendes nada, pensé.
En ese preciso momento, divisé algo en la biblioteca que está detrás del televisor. Apilado con los álbumes de fotos y los libros de jardinería. Eso es, pensé. Mi hada madrina. O algo así.
Esperé hasta que Luke, Joe y Emma se fueron a dormir y papá fue a prepararse una taza de té; luego tomé el catálogo del estante, corrí al primer piso y me encerré en el baño.
Pasé las hojas hasta llegar a la sección de ropa de noche para chicas. La respuesta a mis plegarias, ropa divertida pero elegante: tops con lentejuelas, vestidos con piedras, telas sedosas, pantalones de terciopelo. Fabuloso, fantástico.
Leí las condiciones:
Uno elige lo que quiere.
Hace el pedido por teléfono.
Lo entregan dentro de las cuarenta y ocho horas.
Si no está conforme, lo devuelve.
Sería facilísimo. Faltaban cuatro días para la fiesta. Tenia el tiempo justo, Y después de la fiesta, podría devolver la ropa por "disconformidad". No perjudicaba a nadie. Papá no tenía por qué enterarse. Les había comprado una cortadora de césped en el verano y en la portada del catálogo figuraba su número de cuenta. Facilísimo.
Volví a recorrer las páginas. ¡Había tanto para elegir! Colores increíbles, brillantes, glamorosos, ideales para una chica de mi edad. Deseé que Lia o Becca estuvieran aquí para ayudarme, pero decidí no decirles nada.En una página había un vestido de seda púpura con un solo hombro. Perfecto. Ese serviría.
Entonces se me ocurrió algo. ¿Estaba haciendo algo malo? En realidad, no era robar, pues devolvería el vestido la mañana siguiente a la fiesta. Pero me invadió la sombra de una duda después de tanto esforzarme por ser sincera. ¿Sería algo malo? ¿Deshonesto? Papá no tendría por qué verlo, de modo que yo no necesitaría mentirle, y Lia y Becca seguramente me entenderían. Simplemente, era un préstamo. No era nada malo, ¿verdad?
El vestido me miraba desde la página brillante. Me quedaría fabuloso. Me lo veía puesto. No hago mal a nadie, no hago mal a nadie. Y estaba segura de que mi mamá me lo habría permitido de haber estado allí.
Abrí la puerta del baño, bajé la escalera con sigilo, tomé el teléfono inalámbrico y volví a subir.
Marqué el número antes de que pudiera cambiar de parecer.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
- Es un desastre, Em - le dije -. Me invitaron a una fiesta y no tengo nada que ponerme. Necesito algo muy especial.
Emma se acurrucó en la cama de abajo.
- Necesitas un hada madrina. Como la Cenicienta.
- No conoces alguna, por casualidad, ¿no?
Emma meneó la cabeza, luego fue a uno de sus cajones y sacó una diminuta malla azul.
- Si quieres, puedo prestarte esto.
- Gracias, Em, pero creo que es un poquito pequeña.
Tanto Becca como Lia habían ofrecido prestarme algo suyo y había tenido una sesión en la casa de cada una, revisando el vestuario, pero no era de mi talle. Cuando me probaba la ropa de ella, se notaba que no era mía. Becca mide 1,70 m y yo no llego a 1,60 m. Sus vestidos me van grandes. Lo mismo pasa con Lia; ella mide 1,67 m pero es delgada y tiene poco pecho, de modo que su ropa me ajustaba por arriba y era muy larga abajo. Empezaba a pensar que, después de todo, habría sido más fácil ir como mesera.
- ¿Y tu top plateado? - preguntó Emma -. Es bonito.
- Está un poco menos bonito desde que Luke lo lavó con sus cosas de fútbol. Además, necesitaría algo que combine. Siempre me lo pongo con jeans para la discoteca de la escuela, y a esta fiesta no puedo ir en jeans.
- Pídele a papá algo nuevo.
- Ya lo hice. Me dijo que me pusiera el vestido que usé el año pasado cuando fui dama de honor en la boda de la tía Brenda.
Hasta Emma hizo una mueca ante esa sugerencia. El vestido era de un color rosado con mangas abultadas y, cuando lo tenía puesto, me sentía como si debieran colgarme de un árbol de Navidad. ¿Sexy? No precisamente.
Emma volvió a revisar su cajón y sacó su alcancía de Barbie. La abrió y me dio dos monedas de veinte peniques.
- Toma, puedes usar todo mi dinero.
Le di un abrazo.
- Gracias, Em. Eres un sol.
Puede ser muy dulce, cuando quiere.
Volví a guardar toda mi ropa y luego bajé a ver la tele con los demás. Me sentía muy desgraciada. Era la primera vez que me invitaban a algo tan elegante. La hermana de Lia, Estrella, vendría de Londres con todas sus amigas modelos; la mitad de los músicos de rock estarían allí, además de la Sra. Axford, que siempre parecía salida de la portada de Vogue y, desde luego, Ollie. Y Jade. Sin duda, tendría planeado algún numerito fabuloso, y yo me vería como una empleada doméstica. Estoy segura de que mamá me habría entendido, si hubiera estado aquí. Un padre no entiende la importancia de lucir como una diosa en ocasiones como ésta; al menos, no mi papá.
- ¿Por qué quieres dinero para comprar un atuendo que te pondrás una sola vez y luego quedará guardado en el armario? - me había dicho.
No era justo.
Lia y Becca no tenían ese problema. Tenían madres que las llevaban de compras. Lia había ido a Londres con la suya y regresado cargada de bolsas con cosas increíbles de diseñadores famosos, envueltas en papel de seda. Su mamá le había comprado lo mejor: zapatos sexis de taco alto, una gargantilla de strass que parecía haber costado una fortuna y un minivestido de encaje azul pálido. Hasta había comprado ropa interior sexy y maquillaje. Cuando se probó todo junto, parecía una millonaria.
La mamá de Becca también le había comprado cosas nuevas. La había llevado a Exeter y Becca había elegido un top negro sin mangas con un adorno de plumas, pantalones ajustados de satén negro y unos zapatos negros altísimos sin talón. Parecía de dieciocho años y muy sofisticada.
Y yo me veía llegando con mi vestido rosado de dama de honor. Sería el hazmerreír. No tiene sentido, pensé, tratando de concentrarme en la tele. No podré ir.
Papá debía sentirse culpable, porque no dejaba de mirarme cada tanto.
- Anímate, querida.
- Mmmm - respondí.
- Francamente, Cat, con tu belleza, serás la más linda del baile. No necesitas ropa elegante para destacarte entre la multitud.
- Sí, claro - dije. Realmente no entiendes nada, pensé.
En ese preciso momento, divisé algo en la biblioteca que está detrás del televisor. Apilado con los álbumes de fotos y los libros de jardinería. Eso es, pensé. Mi hada madrina. O algo así.
Esperé hasta que Luke, Joe y Emma se fueron a dormir y papá fue a prepararse una taza de té; luego tomé el catálogo del estante, corrí al primer piso y me encerré en el baño.
Pasé las hojas hasta llegar a la sección de ropa de noche para chicas. La respuesta a mis plegarias, ropa divertida pero elegante: tops con lentejuelas, vestidos con piedras, telas sedosas, pantalones de terciopelo. Fabuloso, fantástico.
Leí las condiciones:
Uno elige lo que quiere.
Hace el pedido por teléfono.
Lo entregan dentro de las cuarenta y ocho horas.
Si no está conforme, lo devuelve.
Sería facilísimo. Faltaban cuatro días para la fiesta. Tenia el tiempo justo, Y después de la fiesta, podría devolver la ropa por "disconformidad". No perjudicaba a nadie. Papá no tenía por qué enterarse. Les había comprado una cortadora de césped en el verano y en la portada del catálogo figuraba su número de cuenta. Facilísimo.
Volví a recorrer las páginas. ¡Había tanto para elegir! Colores increíbles, brillantes, glamorosos, ideales para una chica de mi edad. Deseé que Lia o Becca estuvieran aquí para ayudarme, pero decidí no decirles nada.En una página había un vestido de seda púpura con un solo hombro. Perfecto. Ese serviría.
Entonces se me ocurrió algo. ¿Estaba haciendo algo malo? En realidad, no era robar, pues devolvería el vestido la mañana siguiente a la fiesta. Pero me invadió la sombra de una duda después de tanto esforzarme por ser sincera. ¿Sería algo malo? ¿Deshonesto? Papá no tendría por qué verlo, de modo que yo no necesitaría mentirle, y Lia y Becca seguramente me entenderían. Simplemente, era un préstamo. No era nada malo, ¿verdad?
El vestido me miraba desde la página brillante. Me quedaría fabuloso. Me lo veía puesto. No hago mal a nadie, no hago mal a nadie. Y estaba segura de que mi mamá me lo habría permitido de haber estado allí.
Abrí la puerta del baño, bajé la escalera con sigilo, tomé el teléfono inalámbrico y volví a subir.
Marqué el número antes de que pudiera cambiar de parecer.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
Cat-ástrofe
- Becca, Cat, esperen - llamó Mac al día siguiente, mientras entrábamos a la escuela -. ¿Se enteraron de la fiesta? - preguntó.
- Sí - respondí -. ¿Vas a ir?
- Sí. Bueno, algo así. De hecho, mi mamá me pidió que hablara con ustedes dos. ¿Se acuerdan de que les conté que ella preparaba comidas elegantes para gente rica cuando vivíamos en Londres?
- Sí - dijo Becca -. ¿Y?
- Ella estará a cargo del servicio de la fiesta. Le encargaron la comida para el festejo de los Axford. ¡Para doscientas personas! Entonces necesita personal. Me pidió que les preguntara si quieren trabajar de camareras esa noche. Yo voy a hacerlo. Cincuenta libras para cada uno. ¿Qué les parece?
- ¿Quééééé? - Becca quedó boquiabierta -. ¿Jade sabe que nos estás proponiendo esto?
- Sí, de hecho fue ella quien se lo sugirió a mamá. Mamá se lo ofreció a ella también pero, bueno, ya conocen a Jade. Se cree una princesa y atender a la gente sería para ella como rebajarse. Además, creo que está invitada. Pero, oigan, cincuenta libras por trabajar una noche no está mal y podremos ver quiénes van y qué hacen y todo eso.
Becca tenía la cara de quién se entera de que ganó la lotería pero perdió el billete.
- Sí. Será muy divertido ver a Jade luciéndose con Ollie y a todo el mundo divirtiéndose mientras nosotros trabajamos en la cocina. No cuentes conmigo.
Mac parecía desconcertado.
- ¿Cuál es el problema? Cincuenta libras y un trabajo fácil. Jade dijo que te interesaría mucho.
- No me extraña - dijo Becca -. Debe haberse dado cuenta de que le mentí cuando dije que estábamos invitadas. Y ahora, ya la imagino diciendo: " Oh, a mí me invitaron y tu, pobrecita, tienes que trabajar de mesera. Tráeme otro trago, ¿quieres? "
- A mí me vendría bien el dinero, Bec - intervine -. Y tal vez, en algún momento, podría, " sin querer queriendo", derramar una bebida sobre Jade.
- A veces entiendo lo que sienten ustedes - río Mac -. Al menos no tienen que vivir con ella. Entonces, ¿qué le digo a mamá? Le dije que le avisaría. ¿Quieren hacerlo?
- Nos van a invitar - insistió Becca -. Lia es nuestra amiga.
- Y ¿qué le digo a mamá?
- Aún no lo sé - dije, mirando cómo Becca se alejaba, furiosa, a formar fila-. Es que ir como meseras no era la invitación que esperábamos.
La ley de Murphy: Lia no estaba en la fila. Tampoco en clase. Y no atendió el teléfono móvil cuando Becca la llamó por quinta vez al bajar del autobús, después de clases.
Fuimos a sentarnos sobre el muro al final de Kingsand y Becca volvió a llamar.
- Déjale un mensaje - le susurré cuando me hizo señas de que atendía el contestador, pero cortó.
- No quiero parecer desesperada - se excusó -. Sería horrible si le dijera: " ¿Y nuestras invitaciones, Lia? " y ella no tuviera intenciones de invitarnos.
- Tal vez deberíamos olvidarlo - dije -. No es el fin del mundo.
- Sí lo es - replicó Becca.
- Tienes razón, sí lo es. Doscientas personas. Va a ser una megafiesta. Dios. ¿Por qué nunca es fácil cuando uno quiere algo?
Becca asintió.
- Creo que tenemos que enfrentar los hechos. Es decir, Jade está invitada. Y Zoom está invitado. Si Lia pensara invitarnos, y nos habría llamado, ¿no crees?
- Supongo que sí. Tal vez tiene una cantidad limitada de invitaciones y ya las usó con amigos de su escuela anterior.
- Quizá no nos quiere como amigas. Digo, supongo que ella vive en otro mundo, ¿no es cierto? Tal vez cree que le haremos pasar vergüenza y que sólo podemos ir como meseras. ¿Qué crees tú?
Me encogí de hombros.
- Sería una decepción. Realmente creía que éramos amigas, pero bueno, como dice papá, hay que seguir adelante ... Ya trabajé de mesera en el pueblo y puede ser divertido.
- Pues yo nunca en la vida me sentí tan insultada - repuso Becca -. Creo que no podría hacerlo, con Jade allí.
- De acuerdo, ¿qué prefieres? ¿Que no te inviten e ir como mesera, o que no te inviten y perdértelo todo?
- Bueno, dicho así - dijo Becca -. Supongo que esos trajes de meseras pueden llegar a ser sexys.
En ese preciso momento, un bocinazo nos llamó la atención. Levantamos la vista y vimos un Ka turquesa metalizado que frenaba junto a la acera, frente a nosotras. Ollie bajó la ventanilla y nos saludó con la mano.
- Aquí están - dijo Lia, que iba en el asiento del acompañante.
Lia bajó de un salto y se acercó adonde estábamos sentadas.
- Vengo de tu casa, Becca - dijo -. Y estaba camino a la tuya, Cat. Estoy repartiendo esto.
Me puso un sobre blanco en la mano. Tenía mi nombre escrito con una letra hermosa.
- La tuya espera en tu casa, Becca. Son invitaciones para la fiesta de mi papá. Iba a traerlas hoy a la escuela, pero mi caballo se cayó esta mañana y tuve que llevarlo al veterinario para ver si estaba bien ...
Ollie estacionó el coche y se acercó a nosotras.
- Yo las diseñé - anunció con orgullo -. Lamento que las suyas lleguen tarde, pero mamá invitó tanta gente que se acabaron las invitaciones y tuvimos que encargar más. Apenas hoy llegaron de la imprenta.
Abrí el sobre y reí al ver lo que había adentro. Era una tarjeta. Tenía una foto de un vaso de whisky de cristal, pero en lugar de contener whisky con hielo, tenía una dentadura postiza con hielo. Debajo, se leía: "Ayúdame a festejar mis cincuenta años" . En el reverso figuraban todos los detalles, junto con la fecha y la dirección.
- ¿Y tu papá aprobó eso? - le pregunté.
Ollie asintió.
- Cuando termine la escuela, quiero estudiar diseño o publicidad. - Se puso detrás de mí y miró por encima de mi hombro -. Está buena, ¿no?
Asentí, sin saber qué decir. Sólo tenía conciencia de la proximidad de Ollie y su respiración suave contra mi cuello.
- Entonces, ¿vendrán? - preguntó Lia.
- Claro - respondió Becca, mirando directamente a Ollie, que se acercó y la rodeó con un brazo. Becca se puso muy colorada y, como yo, de pronto no supo qué decir.
- Y tú, Cat, ¿vendrás? - preguntó Ollie.
- Claro que sí - respondí -. Si mi papá me deja.
- Oh, practiquen una canción - pidió Lia -. Siempre tenemos nuestro show de talentos, en el que cualquiera puede subir al escenario y hacer lo que quiera. Me pareció una excelente oportunidad para mostrar la banda.
-¿Qué banda? - preguntó Ollie.
- Nos llamamos Corazón de Diamante - respondió Becca.
- Buen nombre - dijo Ollie.
- Se le ocurrió a Cat - le informó Becca, recuperando el habla -. Principalmente cantamos sobre una base instrumental, pero a veces escribo letras.
Dios mío, pensé de pronto, al recordar la última letra que había escrito: Ollie, Ollie eres mi paraguas, me proteges cuando llueve.
- Corazón de Diamante - dijo Ollie -. Lo pondré en la lista de mamá. Está armando una especie de programa para que todo el mundo sepa cuándo le toca actuar.
Luego me miró profundamente a los ojos.
- Estoy ancioso por ver tu actuación - dijo, con tono intencionado.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
- Sí - respondí -. ¿Vas a ir?
- Sí. Bueno, algo así. De hecho, mi mamá me pidió que hablara con ustedes dos. ¿Se acuerdan de que les conté que ella preparaba comidas elegantes para gente rica cuando vivíamos en Londres?
- Sí - dijo Becca -. ¿Y?
- Ella estará a cargo del servicio de la fiesta. Le encargaron la comida para el festejo de los Axford. ¡Para doscientas personas! Entonces necesita personal. Me pidió que les preguntara si quieren trabajar de camareras esa noche. Yo voy a hacerlo. Cincuenta libras para cada uno. ¿Qué les parece?
- ¿Quééééé? - Becca quedó boquiabierta -. ¿Jade sabe que nos estás proponiendo esto?
- Sí, de hecho fue ella quien se lo sugirió a mamá. Mamá se lo ofreció a ella también pero, bueno, ya conocen a Jade. Se cree una princesa y atender a la gente sería para ella como rebajarse. Además, creo que está invitada. Pero, oigan, cincuenta libras por trabajar una noche no está mal y podremos ver quiénes van y qué hacen y todo eso.
Becca tenía la cara de quién se entera de que ganó la lotería pero perdió el billete.
- Sí. Será muy divertido ver a Jade luciéndose con Ollie y a todo el mundo divirtiéndose mientras nosotros trabajamos en la cocina. No cuentes conmigo.
Mac parecía desconcertado.
- ¿Cuál es el problema? Cincuenta libras y un trabajo fácil. Jade dijo que te interesaría mucho.
- No me extraña - dijo Becca -. Debe haberse dado cuenta de que le mentí cuando dije que estábamos invitadas. Y ahora, ya la imagino diciendo: " Oh, a mí me invitaron y tu, pobrecita, tienes que trabajar de mesera. Tráeme otro trago, ¿quieres? "
- A mí me vendría bien el dinero, Bec - intervine -. Y tal vez, en algún momento, podría, " sin querer queriendo", derramar una bebida sobre Jade.
- A veces entiendo lo que sienten ustedes - río Mac -. Al menos no tienen que vivir con ella. Entonces, ¿qué le digo a mamá? Le dije que le avisaría. ¿Quieren hacerlo?
- Nos van a invitar - insistió Becca -. Lia es nuestra amiga.
- Y ¿qué le digo a mamá?
- Aún no lo sé - dije, mirando cómo Becca se alejaba, furiosa, a formar fila-. Es que ir como meseras no era la invitación que esperábamos.
La ley de Murphy: Lia no estaba en la fila. Tampoco en clase. Y no atendió el teléfono móvil cuando Becca la llamó por quinta vez al bajar del autobús, después de clases.
Fuimos a sentarnos sobre el muro al final de Kingsand y Becca volvió a llamar.
- Déjale un mensaje - le susurré cuando me hizo señas de que atendía el contestador, pero cortó.
- No quiero parecer desesperada - se excusó -. Sería horrible si le dijera: " ¿Y nuestras invitaciones, Lia? " y ella no tuviera intenciones de invitarnos.
- Tal vez deberíamos olvidarlo - dije -. No es el fin del mundo.
- Sí lo es - replicó Becca.
- Tienes razón, sí lo es. Doscientas personas. Va a ser una megafiesta. Dios. ¿Por qué nunca es fácil cuando uno quiere algo?
Becca asintió.
- Creo que tenemos que enfrentar los hechos. Es decir, Jade está invitada. Y Zoom está invitado. Si Lia pensara invitarnos, y nos habría llamado, ¿no crees?
- Supongo que sí. Tal vez tiene una cantidad limitada de invitaciones y ya las usó con amigos de su escuela anterior.
- Quizá no nos quiere como amigas. Digo, supongo que ella vive en otro mundo, ¿no es cierto? Tal vez cree que le haremos pasar vergüenza y que sólo podemos ir como meseras. ¿Qué crees tú?
Me encogí de hombros.
- Sería una decepción. Realmente creía que éramos amigas, pero bueno, como dice papá, hay que seguir adelante ... Ya trabajé de mesera en el pueblo y puede ser divertido.
- Pues yo nunca en la vida me sentí tan insultada - repuso Becca -. Creo que no podría hacerlo, con Jade allí.
- De acuerdo, ¿qué prefieres? ¿Que no te inviten e ir como mesera, o que no te inviten y perdértelo todo?
- Bueno, dicho así - dijo Becca -. Supongo que esos trajes de meseras pueden llegar a ser sexys.
En ese preciso momento, un bocinazo nos llamó la atención. Levantamos la vista y vimos un Ka turquesa metalizado que frenaba junto a la acera, frente a nosotras. Ollie bajó la ventanilla y nos saludó con la mano.
- Aquí están - dijo Lia, que iba en el asiento del acompañante.
Lia bajó de un salto y se acercó adonde estábamos sentadas.
- Vengo de tu casa, Becca - dijo -. Y estaba camino a la tuya, Cat. Estoy repartiendo esto.
Me puso un sobre blanco en la mano. Tenía mi nombre escrito con una letra hermosa.
- La tuya espera en tu casa, Becca. Son invitaciones para la fiesta de mi papá. Iba a traerlas hoy a la escuela, pero mi caballo se cayó esta mañana y tuve que llevarlo al veterinario para ver si estaba bien ...
Ollie estacionó el coche y se acercó a nosotras.
- Yo las diseñé - anunció con orgullo -. Lamento que las suyas lleguen tarde, pero mamá invitó tanta gente que se acabaron las invitaciones y tuvimos que encargar más. Apenas hoy llegaron de la imprenta.
Abrí el sobre y reí al ver lo que había adentro. Era una tarjeta. Tenía una foto de un vaso de whisky de cristal, pero en lugar de contener whisky con hielo, tenía una dentadura postiza con hielo. Debajo, se leía: "Ayúdame a festejar mis cincuenta años" . En el reverso figuraban todos los detalles, junto con la fecha y la dirección.
- ¿Y tu papá aprobó eso? - le pregunté.
Ollie asintió.
- Cuando termine la escuela, quiero estudiar diseño o publicidad. - Se puso detrás de mí y miró por encima de mi hombro -. Está buena, ¿no?
Asentí, sin saber qué decir. Sólo tenía conciencia de la proximidad de Ollie y su respiración suave contra mi cuello.
- Entonces, ¿vendrán? - preguntó Lia.
- Claro - respondió Becca, mirando directamente a Ollie, que se acercó y la rodeó con un brazo. Becca se puso muy colorada y, como yo, de pronto no supo qué decir.
- Y tú, Cat, ¿vendrás? - preguntó Ollie.
- Claro que sí - respondí -. Si mi papá me deja.
- Oh, practiquen una canción - pidió Lia -. Siempre tenemos nuestro show de talentos, en el que cualquiera puede subir al escenario y hacer lo que quiera. Me pareció una excelente oportunidad para mostrar la banda.
-¿Qué banda? - preguntó Ollie.
- Nos llamamos Corazón de Diamante - respondió Becca.
- Buen nombre - dijo Ollie.
- Se le ocurrió a Cat - le informó Becca, recuperando el habla -. Principalmente cantamos sobre una base instrumental, pero a veces escribo letras.
Dios mío, pensé de pronto, al recordar la última letra que había escrito: Ollie, Ollie eres mi paraguas, me proteges cuando llueve.
- Corazón de Diamante - dijo Ollie -. Lo pondré en la lista de mamá. Está armando una especie de programa para que todo el mundo sepa cuándo le toca actuar.
Luego me miró profundamente a los ojos.
- Estoy ancioso por ver tu actuación - dijo, con tono intencionado.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
lunes, 9 de febrero de 2009
Gatos encerrados
Después de la cena, fui a buscar a papá al jardín. Cuando hacía calor, solía salir al atardecer para fumar. Estaba sentado en el banco bajo el manzano, en el fondo del jardín, de modo que decidí llevarle una taza de café y hacerle compañía un rato.
- Gracias, Cat, eres muy amable - dijo, aceptando el café.
Me senté a su lado en el banco y me pregunté cómo empezar la conversación. La charla con Lia me había dejado pensando. Ahora estaba decidida a averiguar qué quería él: si creía que él no importaba porque todos los demás figuraban antes de su lista. No puede ser fácil criar a cuatro hijos, pensé, sin una esposa con quien conversar. Al menos, cuando se tiene una pareja, se puede compartir la responsabilidad y se cuenta con el apoyo recíproco cuando las cosas se ponen difíciles. Decidí que mi papá debía sentirse muy solo.
- ¿En qué piensas, papá?
- Oh, nada importante. Cosas de trabajo.
- Y, eh ... ¿eres feliz?
- ¿Feliz? ¿Qué clase de pregunta es esa, Cat?
- Sólo quiero que me digas cómo estás, si no te sientes solo.
Papá suspiró.
- Todo el mundo se siente solo a veces, Cat, pero se sigue adelante ...
- Bueno, quería saber si tenías con quién hablar. Supongo que cuentas con Jen, pero sólo viene una vez al mes.
- ¿A qué viene todo esto?
- Sólo me preguntaba cómo te sientes. Hace ya cinco años que murió mamá y, bueno, ¿crees que algún día Jen vendrá a vivir con nosotros?
- Bueno, en realidad eso no es asunto tuyo, ¿verdad, Cat? - respondió, poniéndose de pie -. No te conciere en absoluto.
Dicho eso, entró a la casa con grandes pasos como si le hubiera dicho algo muy malo. Sentí que me había quitado del medio cuando sólo trataba de ser amigable. Si no podía tener una verdadera conversación con mi papá, entonces ¿con quién? No era asunto mío, dijo. Podríamos hablar de muchísimas cosas si él se abriera, pero obviamente no quería hacerlo. No era asunto mío.
Tenemos una relación extraña, pensé, sentada allí observando cómo el cielo pasaba de azul a lavanda y luego a azul marino. Los dos evadimos lo que realmente pasa con medias verdades que no revelan la historia completa. Nos mantenemos a salvo por fuera, pero por dentro nos pasan muchas cosas, sé que sí, y ojalá tuviéramos la valentía de abrirnos y expresar lo que realmente pensamos y sentimos. La pura verdad.
¡Ip! ¡Dejar salir la pura verdad! Recordé a Zoom. ¿Ya le habrá hablado Jade? Sería mejor que lo llamara enseguida.
Corrí otra vez a mi oficina privada en el baño y marqué el número de Zoom.
- Va camino a tu casa, querida - respondió la Sra. Squires. Lo llamaron por teléfono y salió deprisa.
Diablos, pensé. Ya está. Jade lo llamó y viene a confirmarlo conmigo. Lo último que yo quería era una pelea. Tuve ganas de esconderme. Mi intento de hablar con papá me hizo sentir rechazada y no estaba de ánimo para más problemas.
Mientras salía del baño, oí que alguien llamaba a la puerta trasera. Corrí escaleras abajo y encontré a Luke.
- Luke, Luke. Zoom está afuera. Dile que no estoy.
- ¿Dónde vas a estar?
- Ehh, cuando las cosas se ponen difíciles ... en el armario bajo la escalera - respondí, mientras me zambullía dentro del armario y me escondía detrás de una chaqueta. Me sentía una hipócrita. Hacía un momento pensaba que papá y yo teníamos que ser valientes y decirnos la verdad. Y ahora me escondía porque, si bien la valentía es una buena idea en teoría, en la realidad es otra cosa,
Zoom volvió a llamar.
- Afuera. Afuera. Dile que salí - susurré entre los abrigos.
- Sí, sí - dijo Luke -. Ya te oí.
- ¿Está Cat? - oí preguntar a Zoom cuando Luke abrió la puerta.
- Ehh, no - respondió Luke.
- Bueno, ¿sabes dónde está? Tengo que hablar con ella.
Luke vaciló y gritó hacia adentro:
- Y ahora, ¿qué le digo, Cat?
Podría haberlo matado. Debí supones que me metería en problemas porque lo había traicionado con la llamada de Josephine Talbot la semana anterior. Treinta segundos más tarde, se abrió la puerta del armario, Zoom apartó los abrigos y lanzó una carcajada.
- ¡Cat! ¿Qué diablos haces ahí adentro?
Lo hice entrar al armario conmigo.
- En esta casa no hay paz. Emma está en el dormitorio; papá, en la sala; Luke, en la cocina y Joe, arriba. Yo, eh .. vine aquí buscando un poco de paz.
Verdad a medias, pensé; no podía decirle que estaba escondiéndome de él.
Zoom ni siquiera parpadeó.
- Qué bueno - dijo, y se acomodó en el suelo al fondo del armario, junto al medidor de electricidad -. Veo que a Mogley también le gusta estar aquí.
No me había dado cuenta, pero ahí estaba la gata, acurrucada en una vieja caja de zapatos.
- Vine apenas me enteré - dijo Zoom, acariciando a Mogley.
- Ah, entonces te enteraste ...
- Sí ... Supongo que Lia te lo dijo.
- No, me lo dijo Jade. Traté de decírtelo, Zoom ... ¿recuerdas aquel día? ¿Cómo que Lia? ¿Por qué habría de decírmelo ella? ¿Decirme qué cosa?
- Estoy contentísimo - dijo, con la cara iluminada.
- Sí. Me llamó Lia. Ya sabes ... ¿por la fiesta?
- Sí.
Era obvio que hablábamos de dos cosas distintas y yo estaba cada vez más confundida. ¿Acaso Lia lo había invitado a él y no a mí ni a Becca? ¿Por qué? Me obligué a respirar hondo. Contrólate, Cat.
- De acuerdo. Estás contento. Eso es bueno. ¿Qué es eso de la fiesta?
- Mi primer trabajo, Cat. Conseguí mi primer trabajo. Me encargaron un video de la fiesta de los Axford. Aparentemente la Sra. Axford no quería que lo hiciera un extraño porque habrá mucha gente famosa. Y no quería pedírselo a alguno de sus amigos porque no podrían hacer el video y disfrutar el video a la vez. Lia sabe que estoy en el tema, pensó en mí y se lo dijo a su madre. Pero lo mejor de todo es que van a pagarme. - Sonreía de oreja a oreja -. Es buen dinero, Cat. Muy buen dinero.
- Ah. - Empezaba a caer -. ¿Suficiente para ese curso de cine?
- Sumado a lo que llevo ahorrado, sí, suficiente para el curso.
Me senté a su lado y lo abracé.
- Zoom, eso es excelente. Me alegro mucho por ti, de verdad. Y, eh, ¿te llamó Jade?
- Ah, sí, me dijo unas tonterías acerca de que estuviste en la playa de Cawsand con Ollie. Se molestó mucho cuando le dije que eso ya era historia y que ya lo sabía.
- ¿Cómo? ¿Cómo que ya lo sabías?
- Vamos, Cat. Yo estaba allí.
- ¿Allí? ¿En la playa de Cawsand? Cuando estaba con Ollie. No te vi.
Dios mío, pensé. ¿Qué habría visto?
- Despierta, Cat. No, en la playa de Cawsand, no. Cuando jugamos a Verdad-Consecuencia en la playa de Whitsand. ¿Te acuerdas? ¿La última fiesta playera del verano? Cuando Vecca te retó a que fueras a hablar con Ollie por ella.
- Ah, cierto - dije.
- ¿Estás bien, Cat?
- Sí. Más o menos. ¿Por qué? - pregunté, riendo.
- Tengo la impresión de que no me estabas escuchando del todo.
- Sí te escuché. Lo juro. Pero ¿alguna vez pensaste que la gente sólo oye lo que quiere oír, no importa lo que uno le diga?
Asombroso, pensé. Jade había hecho lo posible por arruinarme, pero Becca y Zoom habían oído lo que querían.
- Sí. Y ve lo que quiere ver - dijo Zoom, sacando una linterna de la caja de herramientas de papá, que estaba en el suelo. La encendió bajo su mentón para parecer un espectro -. Buuuuu.
Nos quedamos sentados bajo los abrigos, jugando a quién ponía la cara más horrorosa con la linterna y charlando de todo, como siempre. Él tenía muchas ideas para el video, qué música le pondría y cómo editaría todas las imágenes que pensaba filmar, para contar la historia de la fiesta.
Está bien, pensé, no siento una loca pasión por él, pero aún lo quiero y nos divertimos juntos. Sentí una punzada de angustia por la necesidad de tener la conversación en la que le diría, al fin, que habíamos terminado. Mirándolo sentado allí tan cómodo, con las piernas extendidas, acariciando a Mogley, pensé: ha sido parte de mi vida desde que tengo memoria. No quiero perderlo y desde luego que no voy a arruinar este momento terminando con él esta noche. Una vez más, no era la ocasión adecuada y, echando una mirada a mi alrededor, ¡tampoco el suelo del armario bajo la escalera era el lugar indicado!
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
- Gracias, Cat, eres muy amable - dijo, aceptando el café.
Me senté a su lado en el banco y me pregunté cómo empezar la conversación. La charla con Lia me había dejado pensando. Ahora estaba decidida a averiguar qué quería él: si creía que él no importaba porque todos los demás figuraban antes de su lista. No puede ser fácil criar a cuatro hijos, pensé, sin una esposa con quien conversar. Al menos, cuando se tiene una pareja, se puede compartir la responsabilidad y se cuenta con el apoyo recíproco cuando las cosas se ponen difíciles. Decidí que mi papá debía sentirse muy solo.
- ¿En qué piensas, papá?
- Oh, nada importante. Cosas de trabajo.
- Y, eh ... ¿eres feliz?
- ¿Feliz? ¿Qué clase de pregunta es esa, Cat?
- Sólo quiero que me digas cómo estás, si no te sientes solo.
Papá suspiró.
- Todo el mundo se siente solo a veces, Cat, pero se sigue adelante ...
- Bueno, quería saber si tenías con quién hablar. Supongo que cuentas con Jen, pero sólo viene una vez al mes.
- ¿A qué viene todo esto?
- Sólo me preguntaba cómo te sientes. Hace ya cinco años que murió mamá y, bueno, ¿crees que algún día Jen vendrá a vivir con nosotros?
- Bueno, en realidad eso no es asunto tuyo, ¿verdad, Cat? - respondió, poniéndose de pie -. No te conciere en absoluto.
Dicho eso, entró a la casa con grandes pasos como si le hubiera dicho algo muy malo. Sentí que me había quitado del medio cuando sólo trataba de ser amigable. Si no podía tener una verdadera conversación con mi papá, entonces ¿con quién? No era asunto mío, dijo. Podríamos hablar de muchísimas cosas si él se abriera, pero obviamente no quería hacerlo. No era asunto mío.
Tenemos una relación extraña, pensé, sentada allí observando cómo el cielo pasaba de azul a lavanda y luego a azul marino. Los dos evadimos lo que realmente pasa con medias verdades que no revelan la historia completa. Nos mantenemos a salvo por fuera, pero por dentro nos pasan muchas cosas, sé que sí, y ojalá tuviéramos la valentía de abrirnos y expresar lo que realmente pensamos y sentimos. La pura verdad.
¡Ip! ¡Dejar salir la pura verdad! Recordé a Zoom. ¿Ya le habrá hablado Jade? Sería mejor que lo llamara enseguida.
Corrí otra vez a mi oficina privada en el baño y marqué el número de Zoom.
- Va camino a tu casa, querida - respondió la Sra. Squires. Lo llamaron por teléfono y salió deprisa.
Diablos, pensé. Ya está. Jade lo llamó y viene a confirmarlo conmigo. Lo último que yo quería era una pelea. Tuve ganas de esconderme. Mi intento de hablar con papá me hizo sentir rechazada y no estaba de ánimo para más problemas.
Mientras salía del baño, oí que alguien llamaba a la puerta trasera. Corrí escaleras abajo y encontré a Luke.
- Luke, Luke. Zoom está afuera. Dile que no estoy.
- ¿Dónde vas a estar?
- Ehh, cuando las cosas se ponen difíciles ... en el armario bajo la escalera - respondí, mientras me zambullía dentro del armario y me escondía detrás de una chaqueta. Me sentía una hipócrita. Hacía un momento pensaba que papá y yo teníamos que ser valientes y decirnos la verdad. Y ahora me escondía porque, si bien la valentía es una buena idea en teoría, en la realidad es otra cosa,
Zoom volvió a llamar.
- Afuera. Afuera. Dile que salí - susurré entre los abrigos.
- Sí, sí - dijo Luke -. Ya te oí.
- ¿Está Cat? - oí preguntar a Zoom cuando Luke abrió la puerta.
- Ehh, no - respondió Luke.
- Bueno, ¿sabes dónde está? Tengo que hablar con ella.
Luke vaciló y gritó hacia adentro:
- Y ahora, ¿qué le digo, Cat?
Podría haberlo matado. Debí supones que me metería en problemas porque lo había traicionado con la llamada de Josephine Talbot la semana anterior. Treinta segundos más tarde, se abrió la puerta del armario, Zoom apartó los abrigos y lanzó una carcajada.
- ¡Cat! ¿Qué diablos haces ahí adentro?
Lo hice entrar al armario conmigo.
- En esta casa no hay paz. Emma está en el dormitorio; papá, en la sala; Luke, en la cocina y Joe, arriba. Yo, eh .. vine aquí buscando un poco de paz.
Verdad a medias, pensé; no podía decirle que estaba escondiéndome de él.
Zoom ni siquiera parpadeó.
- Qué bueno - dijo, y se acomodó en el suelo al fondo del armario, junto al medidor de electricidad -. Veo que a Mogley también le gusta estar aquí.
No me había dado cuenta, pero ahí estaba la gata, acurrucada en una vieja caja de zapatos.
- Vine apenas me enteré - dijo Zoom, acariciando a Mogley.
- Ah, entonces te enteraste ...
- Sí ... Supongo que Lia te lo dijo.
- No, me lo dijo Jade. Traté de decírtelo, Zoom ... ¿recuerdas aquel día? ¿Cómo que Lia? ¿Por qué habría de decírmelo ella? ¿Decirme qué cosa?
- Estoy contentísimo - dijo, con la cara iluminada.
- Sí. Me llamó Lia. Ya sabes ... ¿por la fiesta?
- Sí.
Era obvio que hablábamos de dos cosas distintas y yo estaba cada vez más confundida. ¿Acaso Lia lo había invitado a él y no a mí ni a Becca? ¿Por qué? Me obligué a respirar hondo. Contrólate, Cat.
- De acuerdo. Estás contento. Eso es bueno. ¿Qué es eso de la fiesta?
- Mi primer trabajo, Cat. Conseguí mi primer trabajo. Me encargaron un video de la fiesta de los Axford. Aparentemente la Sra. Axford no quería que lo hiciera un extraño porque habrá mucha gente famosa. Y no quería pedírselo a alguno de sus amigos porque no podrían hacer el video y disfrutar el video a la vez. Lia sabe que estoy en el tema, pensó en mí y se lo dijo a su madre. Pero lo mejor de todo es que van a pagarme. - Sonreía de oreja a oreja -. Es buen dinero, Cat. Muy buen dinero.
- Ah. - Empezaba a caer -. ¿Suficiente para ese curso de cine?
- Sumado a lo que llevo ahorrado, sí, suficiente para el curso.
Me senté a su lado y lo abracé.
- Zoom, eso es excelente. Me alegro mucho por ti, de verdad. Y, eh, ¿te llamó Jade?
- Ah, sí, me dijo unas tonterías acerca de que estuviste en la playa de Cawsand con Ollie. Se molestó mucho cuando le dije que eso ya era historia y que ya lo sabía.
- ¿Cómo? ¿Cómo que ya lo sabías?
- Vamos, Cat. Yo estaba allí.
- ¿Allí? ¿En la playa de Cawsand? Cuando estaba con Ollie. No te vi.
Dios mío, pensé. ¿Qué habría visto?
- Despierta, Cat. No, en la playa de Cawsand, no. Cuando jugamos a Verdad-Consecuencia en la playa de Whitsand. ¿Te acuerdas? ¿La última fiesta playera del verano? Cuando Vecca te retó a que fueras a hablar con Ollie por ella.
- Ah, cierto - dije.
- ¿Estás bien, Cat?
- Sí. Más o menos. ¿Por qué? - pregunté, riendo.
- Tengo la impresión de que no me estabas escuchando del todo.
- Sí te escuché. Lo juro. Pero ¿alguna vez pensaste que la gente sólo oye lo que quiere oír, no importa lo que uno le diga?
Asombroso, pensé. Jade había hecho lo posible por arruinarme, pero Becca y Zoom habían oído lo que querían.
- Sí. Y ve lo que quiere ver - dijo Zoom, sacando una linterna de la caja de herramientas de papá, que estaba en el suelo. La encendió bajo su mentón para parecer un espectro -. Buuuuu.
Nos quedamos sentados bajo los abrigos, jugando a quién ponía la cara más horrorosa con la linterna y charlando de todo, como siempre. Él tenía muchas ideas para el video, qué música le pondría y cómo editaría todas las imágenes que pensaba filmar, para contar la historia de la fiesta.
Está bien, pensé, no siento una loca pasión por él, pero aún lo quiero y nos divertimos juntos. Sentí una punzada de angustia por la necesidad de tener la conversación en la que le diría, al fin, que habíamos terminado. Mirándolo sentado allí tan cómodo, con las piernas extendidas, acariciando a Mogley, pensé: ha sido parte de mi vida desde que tengo memoria. No quiero perderlo y desde luego que no voy a arruinar este momento terminando con él esta noche. Una vez más, no era la ocasión adecuada y, echando una mirada a mi alrededor, ¡tampoco el suelo del armario bajo la escalera era el lugar indicado!
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
viernes, 30 de enero de 2009
Se revela el secreto
- ¿Qué vas a hacer? - me preguntó Lia más tarde, mientras salíamos de la escuela.
- No sé - respondí -. No tengo idea. Becca todavía no superó lo del sábado. Lo único que falta es esto.
- ¿Jade habrá hablado con ella?
- No lo creo. Bec estuvo con nosotras todo el almuerzo y su mamá la retiró temprano de la escuela para llevarla al dentista, de modo que no creo que Jade haya podido decirle nada. A Zoom, no lo sé.
A la salida de la escuela, había montones de automóviles y padres que bloqueaban el paso, pero no habían venido a recoger a Lia, de modo que me acompañó a la parada del autobús. En la hilera de vehículos que esperaban para salir del camino, divisé a Jade y Mac en el asiento trasero del viejo Daimler de su madre. Jade estaba ahablando por su teléfono. Maldición, pensé. ¿Con quién estará hablando? ¿Con Zoom, con Becca, o estará poniendo un anuncio en el periódico local? No me habría extrañado en ella. " Cat Kennedy descubierta en escándalo amoroso en la playa de Cawsand. "
- ¿Qué crees que debo hacer, Lia?
- Dos cosas. Debes hablar con Zoom y Bec antes de que lo haga Jade. Gánale de mano. Y en segundo lugar, creo que debes pensar muy seriamente qué es lo que quieres.
- Eso, es obvio, ¿no? No quiero perder a mis dos mejores amigos. Y que piensen que ya no pueden volver a confiar en mí.
- No me refería a eso - dijo Lia -. Me refería a lo que quieres tú. Tú, Cat Kennedy.
- En este momento, lo que yo quiero no es importante.
- Exactamente - dijo Lia, y luego quedó callada unos minutos como si estuviera pensando qué decir luego -. Sé que no hace tanto que nos conocemos, Cat, así que dime si te parece que me estoy metiendo en tu vida ... pero de esto quería hablarte. Es que parece que siempre te pones al final de la lista.
- ¿A qué te refieres?
- No digo que esté mal; de hecho, me agrada que pienses en los demás y en lo que les pasa. Pero tengo la impresión de que, al hacerlo te has perdido por el camino. Como que piensas que tú no importas y todos los demás, sí. Es decir, ¿quién toma en cuenta lo que sientes tí? ¿Lo que tú quieres o necesitas?
Con gran sorpresa, sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
- Dios mío, lo siento - dijo Lia -. Ya metí la pata. Cat, no quise hacerte ... cielos ... quiero decir ... lo que quise decir es ... que estás atascada en una relación que ya no avanza. Quieres un cambio, pero no quieres lastimar a Zoom, y por eso no le has dicho nada. Te gusta Ollie, pero no quieres lastimar a Becca, entonces otra vez sacrificas tus sentimientos para que todos los demás la pasaen bien. Yo ... creo que a veces deberías pensar en ser fiel a lo que tú sientes en lugar de tratar de proteger tanto a los demás.
Lia tenía razón. Había estado tan concentrada pensando en cómo tomarían los demás la verdad que ni siquiera había pensado en ser fiel a mí misma. Parpadeé para contener las lágrimas que amenazaban derramarse por mis mejillas.
- Deben ser mir hormonas - bromeé, enjugándome los ojos.
- Lo único que intentaba decirte, Cat, es que tú también importas. Te pasas la vida tratando de mantener la paz y de que todo el mundo esté bien, pero siempre a costa de ti misma.
Sentí que mis ojos volvían a llenarse de lágrimas.
- Lo siento. Lo siento. No seas buena conmigo, no seas buena conmigo - dije, cubriéndome la cara con las manos.
Lia puso la mano sobre mi hombro.
- Pero claro que voy a ser buena contigo, Cat. Has sido una gran amiga desde que llegué aquí. Y las amigas se cuidan.
En ese momento, sonó la bocina de un Mercedes plateado y Meena saludó desde el asiento del conductor.
- Me vienen a buscar - dijo Lia -. ¿Quieres que te llevemos? Me sentiría muy mal dejándote así.
Meneé la cabeza.
- El autobús llegará enseguida. En serio. Ve tú.
Lo cierto era que quería tener tiempo para pensar en lo que me había dicho Lia y resolver qué les diría a Bec y a Zoom antes de que Jade pudiera hablarles.
Cuando llegué a casa, tomé el teléfono inalámbrico del vestíbulo y corrí a mi cuarto. Emma había acomodado todas sus muñecas en la cama de abajo y les daba de comer bizcochos digestivos.
- No, Emma - protesté -, hay migas por todas partes. ¿No puedes jugar a eso abajo?
- Ahí están Luke y Joe - respondió, tratando de alimentar por la fuerza a una de las muñecas -. Abre la boca, muñeca mala. - Como la muñeca se negaba a comer, le sacó la cabeza, le metió el bizcochuelo en el cuerpo y volvió a ponerle la cabeza -. Ahora sí, buena niña, ahora tienes la barriga llena.
- No puedes hacer eso, Emma - dije, riendo a pesar de mi desdicha -. No te gustaría que te lo hicieran a ti.
- No. Pero a mí no se me sale la cabeza - replicó, muy seria -. Joe trató de sacármela, pero está pegada.
- Mira, Em, necesito el cuarto un momento - le dije.
- Es mi cuarto también - respondió.
- Pero necesito privacidad. Quiero hablar por teléfono.
- No importa. Yo no diré nada.
- Emma, por favoooooor.
- Entonces usa el cuarto de Luke y Joe, que están mirando la tele - insistió Emma.
Qué no daría por tener mi propio cuarto, pensé por enésima vez, mientras entraba a la habitación de los chicos.
Joe no estaba abajo sino haciendo su tarea escolar en el suelo, de modo que tampoco podía tener una conversación privada allí. Di media vuelta y me dirigi al baño.
- ¿Qué hay después del espacio, Cat? - preguntó Joe mientras yo cerraba la puerta del baño con llave.
- Más espacio - le respondí. Puse un par de toallas en la bañera, me metí y marqué el número de Becca.
Lllamaron a la puerta.
- ¿Qué hay después de más espacio? - preguntó la voz de Joe -. ¿Al final del universo?
- No lo sé. Vete ... oh, hola, no tú, Becca. Habla Cat.
- ¿Ajá? - respondió una voz somnolienta.
- ¿Estás bien? ¿Cómo te fue con el dentista? ¿Mal?
- No. Sólo tengo la boca un poco dormida.
- Bueno, qué suerte - dije -, porque necesito decirte algo. Lo único que tienes que hacer es escuchar. Es sobre Jade. ¿Te acuerdas de aquella vez en Cawsand con Ollie ...
- Ya lo sé todo - interrumpió Becca -. Ya me llamó ...
Mi corazón empezó a acelerarse.
- ¿Ya ...?
- Sí. Sigue tratando de sembrar cizaña - continuó Becca -. Es una falsa.
- ¿Qué te dijo?
- Que estuviste con Ollie en la playa de Cawsand hace unas semanas.
- Y ¿qué le contestaste?
- Que ya lo sabía. Ja. Le tapé la boca. Ella creía que era un gran secreto o algo así, y que me iba a escandalizar mucho. Le dije que se metiera en sus cosas y que yo ya lo sabía porque tú me lo habías dicho. Pero no le dije que estabas hablando con Ollie por hacerme un favor.
- ¿Eso es todo lo que te dijo?
- Sí.
Suspiré, aliviada. De modo que ahora Jade pensaba que Becca lo sabía todo y por eso no había mencionado que yo era la chica a quien Ollie había besado. Qúe alivio. Pero tal vez sería mejor contarle el resto y esperar que no me odiara para siempre. Al menos la verdad a medias, que era mi nueva manera de resolver las cosas.
- ¿Becca?
- ¿Sí?
- Acerca de Ollie. Siento que no fui del todo sincera contigo porque, en realidad, eh, si me parece atractivo.
- Claro - dijo Becca -. Tendrías que ser ciega o estúpida para que no fuera así. No estarás diciendo que estás atrás de él, ¿no?
Era hora de aclarar las cosas. Respiré hondo y me lancé.
- No, Becca. Tú lo viste primero y yo jamás ...
- Espera, Cat, llaman por la otra línea. Te llamo en un momento ...
Me incorporé en la bañera y decidí ordenar los frascos de champú y otras cosas mientras esperaba. Luke, Joe y Emma siempre dejan todos los frascos destapados. Eso me vuelve loca. Y nunca dejan el jabón en su bandeja, entonces se ablanda. Grrr.
Estaba enjuagando el pato de plástico de Em cuando Becca volvió a llamar.
- ¿Sabías esto? - preguntó, con tono urgente.
- ¿Qué cosa, Bec? ¿Si sabía qué?
Al principio no dijo nada pero, siendo Becca, no pudo contenerse por mucho tiempo.
- No puedo creerlo ... - dijo.
- ¿Qué cosa? ¿Qué?
No, pensé; seguro que la que llamaba por la otra línea era Jade y le contó a Becca toda la historia sobre mí y Ollie. Justo cuando las cosas iban tan bien y estaba a punto de contárselo yo misma.
- Jade volvió a llamar - dijo Becca.
Prepárate para morir, Cat Kennedy, pensé.
- ¿Sabías sobre esa fiesta? - prosiguió.
- ¿Fiesta? Ah, sí, más o menos; la del padre de Lia. Jade dijo que Ollie la invitó.
- Exactamente - dijo Becca -. Y ¿por qué Lia no nos invitó a nosotras?
- Bueno, no es su fiesta, Bec. Es de su papá - le recordé, para defender a Lia, aunque tuve que admitir que sí se me había ocurrido que quizá nos invitara. Especialmente ahora que iría Jade.
- Llamó sólo para jactarse de que Ollie la había invitado - prosiguió Becca -. Así que le dije que nosotras ya teníamos invitación.
- No habrás hecho eso.
- Sí. Me encantaría ir, Cat. Y estoy segura de que es sólo cuestión de tiempo. Seguro que Lia va a invitarnos.
Recordé lo que me había dicho Lia acerca de ser amigas, entonces ¿por qué no había mencionado la fiesta?
- Bueno, pero tal vez deberíamos esperar a que nos inviten antes de andar diciendo por ahí que iremos.
- De acuerdo - dijo Becca -, pero seguro que va a invitarnos.
- Sí - respondí -. Seguro que sí, y ¿Bec?
- ¿Sí?
- Sólo quería decirte ...
- Oh. Espera - dijo, y la línea quedó en silencio un momento -. Debo irme, Cat. Mamá me llama para cenar.
Y entonces colgó.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
- No sé - respondí -. No tengo idea. Becca todavía no superó lo del sábado. Lo único que falta es esto.
- ¿Jade habrá hablado con ella?
- No lo creo. Bec estuvo con nosotras todo el almuerzo y su mamá la retiró temprano de la escuela para llevarla al dentista, de modo que no creo que Jade haya podido decirle nada. A Zoom, no lo sé.
A la salida de la escuela, había montones de automóviles y padres que bloqueaban el paso, pero no habían venido a recoger a Lia, de modo que me acompañó a la parada del autobús. En la hilera de vehículos que esperaban para salir del camino, divisé a Jade y Mac en el asiento trasero del viejo Daimler de su madre. Jade estaba ahablando por su teléfono. Maldición, pensé. ¿Con quién estará hablando? ¿Con Zoom, con Becca, o estará poniendo un anuncio en el periódico local? No me habría extrañado en ella. " Cat Kennedy descubierta en escándalo amoroso en la playa de Cawsand. "
- ¿Qué crees que debo hacer, Lia?
- Dos cosas. Debes hablar con Zoom y Bec antes de que lo haga Jade. Gánale de mano. Y en segundo lugar, creo que debes pensar muy seriamente qué es lo que quieres.
- Eso, es obvio, ¿no? No quiero perder a mis dos mejores amigos. Y que piensen que ya no pueden volver a confiar en mí.
- No me refería a eso - dijo Lia -. Me refería a lo que quieres tú. Tú, Cat Kennedy.
- En este momento, lo que yo quiero no es importante.
- Exactamente - dijo Lia, y luego quedó callada unos minutos como si estuviera pensando qué decir luego -. Sé que no hace tanto que nos conocemos, Cat, así que dime si te parece que me estoy metiendo en tu vida ... pero de esto quería hablarte. Es que parece que siempre te pones al final de la lista.
- ¿A qué te refieres?
- No digo que esté mal; de hecho, me agrada que pienses en los demás y en lo que les pasa. Pero tengo la impresión de que, al hacerlo te has perdido por el camino. Como que piensas que tú no importas y todos los demás, sí. Es decir, ¿quién toma en cuenta lo que sientes tí? ¿Lo que tú quieres o necesitas?
Con gran sorpresa, sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
- Dios mío, lo siento - dijo Lia -. Ya metí la pata. Cat, no quise hacerte ... cielos ... quiero decir ... lo que quise decir es ... que estás atascada en una relación que ya no avanza. Quieres un cambio, pero no quieres lastimar a Zoom, y por eso no le has dicho nada. Te gusta Ollie, pero no quieres lastimar a Becca, entonces otra vez sacrificas tus sentimientos para que todos los demás la pasaen bien. Yo ... creo que a veces deberías pensar en ser fiel a lo que tú sientes en lugar de tratar de proteger tanto a los demás.
Lia tenía razón. Había estado tan concentrada pensando en cómo tomarían los demás la verdad que ni siquiera había pensado en ser fiel a mí misma. Parpadeé para contener las lágrimas que amenazaban derramarse por mis mejillas.
- Deben ser mir hormonas - bromeé, enjugándome los ojos.
- Lo único que intentaba decirte, Cat, es que tú también importas. Te pasas la vida tratando de mantener la paz y de que todo el mundo esté bien, pero siempre a costa de ti misma.
Sentí que mis ojos volvían a llenarse de lágrimas.
- Lo siento. Lo siento. No seas buena conmigo, no seas buena conmigo - dije, cubriéndome la cara con las manos.
Lia puso la mano sobre mi hombro.
- Pero claro que voy a ser buena contigo, Cat. Has sido una gran amiga desde que llegué aquí. Y las amigas se cuidan.
En ese momento, sonó la bocina de un Mercedes plateado y Meena saludó desde el asiento del conductor.
- Me vienen a buscar - dijo Lia -. ¿Quieres que te llevemos? Me sentiría muy mal dejándote así.
Meneé la cabeza.
- El autobús llegará enseguida. En serio. Ve tú.
Lo cierto era que quería tener tiempo para pensar en lo que me había dicho Lia y resolver qué les diría a Bec y a Zoom antes de que Jade pudiera hablarles.
Cuando llegué a casa, tomé el teléfono inalámbrico del vestíbulo y corrí a mi cuarto. Emma había acomodado todas sus muñecas en la cama de abajo y les daba de comer bizcochos digestivos.
- No, Emma - protesté -, hay migas por todas partes. ¿No puedes jugar a eso abajo?
- Ahí están Luke y Joe - respondió, tratando de alimentar por la fuerza a una de las muñecas -. Abre la boca, muñeca mala. - Como la muñeca se negaba a comer, le sacó la cabeza, le metió el bizcochuelo en el cuerpo y volvió a ponerle la cabeza -. Ahora sí, buena niña, ahora tienes la barriga llena.
- No puedes hacer eso, Emma - dije, riendo a pesar de mi desdicha -. No te gustaría que te lo hicieran a ti.
- No. Pero a mí no se me sale la cabeza - replicó, muy seria -. Joe trató de sacármela, pero está pegada.
- Mira, Em, necesito el cuarto un momento - le dije.
- Es mi cuarto también - respondió.
- Pero necesito privacidad. Quiero hablar por teléfono.
- No importa. Yo no diré nada.
- Emma, por favoooooor.
- Entonces usa el cuarto de Luke y Joe, que están mirando la tele - insistió Emma.
Qué no daría por tener mi propio cuarto, pensé por enésima vez, mientras entraba a la habitación de los chicos.
Joe no estaba abajo sino haciendo su tarea escolar en el suelo, de modo que tampoco podía tener una conversación privada allí. Di media vuelta y me dirigi al baño.
- ¿Qué hay después del espacio, Cat? - preguntó Joe mientras yo cerraba la puerta del baño con llave.
- Más espacio - le respondí. Puse un par de toallas en la bañera, me metí y marqué el número de Becca.
Lllamaron a la puerta.
- ¿Qué hay después de más espacio? - preguntó la voz de Joe -. ¿Al final del universo?
- No lo sé. Vete ... oh, hola, no tú, Becca. Habla Cat.
- ¿Ajá? - respondió una voz somnolienta.
- ¿Estás bien? ¿Cómo te fue con el dentista? ¿Mal?
- No. Sólo tengo la boca un poco dormida.
- Bueno, qué suerte - dije -, porque necesito decirte algo. Lo único que tienes que hacer es escuchar. Es sobre Jade. ¿Te acuerdas de aquella vez en Cawsand con Ollie ...
- Ya lo sé todo - interrumpió Becca -. Ya me llamó ...
Mi corazón empezó a acelerarse.
- ¿Ya ...?
- Sí. Sigue tratando de sembrar cizaña - continuó Becca -. Es una falsa.
- ¿Qué te dijo?
- Que estuviste con Ollie en la playa de Cawsand hace unas semanas.
- Y ¿qué le contestaste?
- Que ya lo sabía. Ja. Le tapé la boca. Ella creía que era un gran secreto o algo así, y que me iba a escandalizar mucho. Le dije que se metiera en sus cosas y que yo ya lo sabía porque tú me lo habías dicho. Pero no le dije que estabas hablando con Ollie por hacerme un favor.
- ¿Eso es todo lo que te dijo?
- Sí.
Suspiré, aliviada. De modo que ahora Jade pensaba que Becca lo sabía todo y por eso no había mencionado que yo era la chica a quien Ollie había besado. Qúe alivio. Pero tal vez sería mejor contarle el resto y esperar que no me odiara para siempre. Al menos la verdad a medias, que era mi nueva manera de resolver las cosas.
- ¿Becca?
- ¿Sí?
- Acerca de Ollie. Siento que no fui del todo sincera contigo porque, en realidad, eh, si me parece atractivo.
- Claro - dijo Becca -. Tendrías que ser ciega o estúpida para que no fuera así. No estarás diciendo que estás atrás de él, ¿no?
Era hora de aclarar las cosas. Respiré hondo y me lancé.
- No, Becca. Tú lo viste primero y yo jamás ...
- Espera, Cat, llaman por la otra línea. Te llamo en un momento ...
Me incorporé en la bañera y decidí ordenar los frascos de champú y otras cosas mientras esperaba. Luke, Joe y Emma siempre dejan todos los frascos destapados. Eso me vuelve loca. Y nunca dejan el jabón en su bandeja, entonces se ablanda. Grrr.
Estaba enjuagando el pato de plástico de Em cuando Becca volvió a llamar.
- ¿Sabías esto? - preguntó, con tono urgente.
- ¿Qué cosa, Bec? ¿Si sabía qué?
Al principio no dijo nada pero, siendo Becca, no pudo contenerse por mucho tiempo.
- No puedo creerlo ... - dijo.
- ¿Qué cosa? ¿Qué?
No, pensé; seguro que la que llamaba por la otra línea era Jade y le contó a Becca toda la historia sobre mí y Ollie. Justo cuando las cosas iban tan bien y estaba a punto de contárselo yo misma.
- Jade volvió a llamar - dijo Becca.
Prepárate para morir, Cat Kennedy, pensé.
- ¿Sabías sobre esa fiesta? - prosiguió.
- ¿Fiesta? Ah, sí, más o menos; la del padre de Lia. Jade dijo que Ollie la invitó.
- Exactamente - dijo Becca -. Y ¿por qué Lia no nos invitó a nosotras?
- Bueno, no es su fiesta, Bec. Es de su papá - le recordé, para defender a Lia, aunque tuve que admitir que sí se me había ocurrido que quizá nos invitara. Especialmente ahora que iría Jade.
- Llamó sólo para jactarse de que Ollie la había invitado - prosiguió Becca -. Así que le dije que nosotras ya teníamos invitación.
- No habrás hecho eso.
- Sí. Me encantaría ir, Cat. Y estoy segura de que es sólo cuestión de tiempo. Seguro que Lia va a invitarnos.
Recordé lo que me había dicho Lia acerca de ser amigas, entonces ¿por qué no había mencionado la fiesta?
- Bueno, pero tal vez deberíamos esperar a que nos inviten antes de andar diciendo por ahí que iremos.
- De acuerdo - dijo Becca -, pero seguro que va a invitarnos.
- Sí - respondí -. Seguro que sí, y ¿Bec?
- ¿Sí?
- Sólo quería decirte ...
- Oh. Espera - dijo, y la línea quedó en silencio un momento -. Debo irme, Cat. Mamá me llama para cenar.
Y entonces colgó.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
jueves, 29 de enero de 2009
Secretos, mentiras y verdades
El viaje de regreso de Rock fue una pesadilla. El padre de Becca fue a buscarnos a buscarnos a las diez, como habíamos arreglado, y Becca se sentó atrás y no abrió la boca en todo el viaje. Estaba furiosa con Jade, que había acaparado a Ollie desde que le había puesto los ojos encima. A él no parecía molestarle; de hecho, más bien parecía disfrutar tanta atención. Más tarde, cuando llegó el padre de Bec, Jade rehusó el aventón y se las ingenio para volver con Ollie.
Becca se puso casi histérica al tener que dejarlos y tuvimos que empujarla para que subiera al coche, para gran confusión de su padre.
Lia vino con nosotras, aunque se suponía que volvería con Ollie. No quería dejar a Becca y trató de calmarla. Pero no sirvió de mucho porque, una vez que subimos al coche, los labios de Becca se sellaron.
El silencio que había en el auto era tan incómodo que hice un esfuerzo por aligerar el ambiente charlando con el Sr. Howard pero, por dentro, no podía evitar sentir celos yo también. Celos porque Ollie le había seguido el juego a Jade. Y porque no me había prestado tanta atención. Buena amiga soy.
" Todo parecerá mejor por la mañana " , solía decir mi mamá. Al cabo de un rato, decidí seguir su consejo: me acomodé en el asiento trasero y me dormí.
El domingo, sonó el teléfono.
- Y ¿oíste cómo ponía la voz grave y seductora cuando hablaba con él? - preguntó Becca.
- Probablemente no pasó nada - respondí -. No estaban completamente solos; estaba el amigo de Ollie y esas otras chicas de Londres.
- Lo sé - dijo Becca -. Creo que la que se llamaba Tassie también gustaba de Ollie.
- Ya ves, no tienes por qué preocuparte. Jade tenía competencia.
- Tienes que averiguar qué pasó, Cat. No soportaré hablar con ella y que se jacte conmigo.
- ¿No hablaste con Lia? Tal vez sepa algo.
- Te llamo más tarde - dijo Becca - . La llamaré ahora mismo.
Cinco minutos después, llamó Lia.
- Bec está muy alterada - dijo.
- Lo sé. ¿Qué pasó? ¿Volvió Ollie?
- Sí, más o menos media hora después que nosotras, así que no pueden haber hecho mucho.
- ¿No te contó nada?
- Aún no se ha levantado pero, francamente. no creo que Jade sea su tipo de chica. Es demasiado agresiva y Ollie prefiere los desafíos.
- ¿Crees que le haya gustado Becca?
- Es difícil saberlo, Cat. Él coquetea con todo el mundo. Ya te dije cómo es.
- Lo sé. Becca está muy enojada.
- Pero ¿y tú, Cat? ¿Qué sientes por Ollie?
- No lo sé, en realidad. Estoy más confundida que otra cosa.
- ¿Ya terminaste con Zoom?
- No, pero lo haré muy pronto.
- Bien. Y ... ¿Cat?
- ¿Sí?
- Quiero hablar contigo sobre algo. No por teléfono. Un día en la escuela, cuando estemos solas.
Quedé intrigada. ¿De qué querría hablar conmigo?
El lunes, en la escuela, Jade andaba por ahí pavoneándose como quien se salió con la suya. Sin revelar nada, nos sonreía con aire presumido.
Durante el recreo, la acorralé en el patio.
- Esteee ... ¿a qué hora volviste el sábado? - le pregunté, tratando de sonar indiferente.
- Ollie me dejó en casa como a la una.
¿A la una? Lia había dicho que Ollie regresó poco después que ella.
Obviamente, Jade mentía.
- La pasaste muy bien, ¿eh?
Jade no pudo contenerse.
- Me invitó a la fiesta.
- ¿Qué fiesta? - le pregunté, antes de poder controlarme.
- La de los Axford. Será la fiesta del año. Su papá cumple cincuenta años o algo así. ¿Por qué? - preguntó, disfrutando maliciosamente el momento -. ¿Tú no sabías nada?
- Ehh, creo que Lia mencionó algo - respondí.
Debes seguir con las verdades a medias, me dije. Era verdad que Lia había mencionado que quería hablar conmigo sobre algo; tal vez se trataba de la fiesta. Esa era mi nueva filosofía después de mi maratón de franqueza de la semana anterior. Una verdad a medias no causaba tantos problemas y a veces ayudaba a salvar circunstancias. En este caso, las mías.
- No sé cómo a Becca se le ocurre que puede tener posibilidades con él - prosiguió Jade -. De hecho, preguntó más por ti que por ella. ¿Seguro no lo conocías? Me pareció que se trataban con bastante confianza cuando él se acercó.
- Quizá lo ví por ahí - respondí, aunque me moría por saber que había dicho de mí.
- En fin, Becca es demasiado nena para él. Es obvio que busca a alguien un poco más madura, como yo.
- Si tienes apenas un año más que Bec - repliqué, recordando aquel día en la playa que había conocido a Ollie. A él no parecía preocuparle la edad -. Y tú ¿cómo sabes? - pregunté -. Yo sé de buena fuente que la edad no es algo que lo detenga.
Jad me miró con atención.
- ¿De qué buena fuente? ¿Lia?
- No, alguien que conozco.
Jade asintió como si se le estuviera encendiendo una bombilla de luz en su cabeza. -Ah, ya entiendo. Ya me parecía que ustedes se habían conocido antes de ir a Rock. Tú eras la chica con quien estuvo en Cawsand, ¿verdad? ¿Si o no? Si no, ¿cómo habría sabido tu nombre?
Sentí que me ponía colorada. Maldición.
No respondí.
- ¿ Y Becca y Zoom saben de tu pequeña aventura? - preguntó Jade.
- No hay nada para contar - repliqué, turbada.
- Yo creo que sí - dijo, riendo -. Creo que hay mucho que contar y que les interesará mucho oírlo.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
Becca se puso casi histérica al tener que dejarlos y tuvimos que empujarla para que subiera al coche, para gran confusión de su padre.
Lia vino con nosotras, aunque se suponía que volvería con Ollie. No quería dejar a Becca y trató de calmarla. Pero no sirvió de mucho porque, una vez que subimos al coche, los labios de Becca se sellaron.
El silencio que había en el auto era tan incómodo que hice un esfuerzo por aligerar el ambiente charlando con el Sr. Howard pero, por dentro, no podía evitar sentir celos yo también. Celos porque Ollie le había seguido el juego a Jade. Y porque no me había prestado tanta atención. Buena amiga soy.
" Todo parecerá mejor por la mañana " , solía decir mi mamá. Al cabo de un rato, decidí seguir su consejo: me acomodé en el asiento trasero y me dormí.
El domingo, sonó el teléfono.
- Y ¿oíste cómo ponía la voz grave y seductora cuando hablaba con él? - preguntó Becca.
- Probablemente no pasó nada - respondí -. No estaban completamente solos; estaba el amigo de Ollie y esas otras chicas de Londres.
- Lo sé - dijo Becca -. Creo que la que se llamaba Tassie también gustaba de Ollie.
- Ya ves, no tienes por qué preocuparte. Jade tenía competencia.
- Tienes que averiguar qué pasó, Cat. No soportaré hablar con ella y que se jacte conmigo.
- ¿No hablaste con Lia? Tal vez sepa algo.
- Te llamo más tarde - dijo Becca - . La llamaré ahora mismo.
Cinco minutos después, llamó Lia.
- Bec está muy alterada - dijo.
- Lo sé. ¿Qué pasó? ¿Volvió Ollie?
- Sí, más o menos media hora después que nosotras, así que no pueden haber hecho mucho.
- ¿No te contó nada?
- Aún no se ha levantado pero, francamente. no creo que Jade sea su tipo de chica. Es demasiado agresiva y Ollie prefiere los desafíos.
- ¿Crees que le haya gustado Becca?
- Es difícil saberlo, Cat. Él coquetea con todo el mundo. Ya te dije cómo es.
- Lo sé. Becca está muy enojada.
- Pero ¿y tú, Cat? ¿Qué sientes por Ollie?
- No lo sé, en realidad. Estoy más confundida que otra cosa.
- ¿Ya terminaste con Zoom?
- No, pero lo haré muy pronto.
- Bien. Y ... ¿Cat?
- ¿Sí?
- Quiero hablar contigo sobre algo. No por teléfono. Un día en la escuela, cuando estemos solas.
Quedé intrigada. ¿De qué querría hablar conmigo?
El lunes, en la escuela, Jade andaba por ahí pavoneándose como quien se salió con la suya. Sin revelar nada, nos sonreía con aire presumido.
Durante el recreo, la acorralé en el patio.
- Esteee ... ¿a qué hora volviste el sábado? - le pregunté, tratando de sonar indiferente.
- Ollie me dejó en casa como a la una.
¿A la una? Lia había dicho que Ollie regresó poco después que ella.
Obviamente, Jade mentía.
- La pasaste muy bien, ¿eh?
Jade no pudo contenerse.
- Me invitó a la fiesta.
- ¿Qué fiesta? - le pregunté, antes de poder controlarme.
- La de los Axford. Será la fiesta del año. Su papá cumple cincuenta años o algo así. ¿Por qué? - preguntó, disfrutando maliciosamente el momento -. ¿Tú no sabías nada?
- Ehh, creo que Lia mencionó algo - respondí.
Debes seguir con las verdades a medias, me dije. Era verdad que Lia había mencionado que quería hablar conmigo sobre algo; tal vez se trataba de la fiesta. Esa era mi nueva filosofía después de mi maratón de franqueza de la semana anterior. Una verdad a medias no causaba tantos problemas y a veces ayudaba a salvar circunstancias. En este caso, las mías.
- No sé cómo a Becca se le ocurre que puede tener posibilidades con él - prosiguió Jade -. De hecho, preguntó más por ti que por ella. ¿Seguro no lo conocías? Me pareció que se trataban con bastante confianza cuando él se acercó.
- Quizá lo ví por ahí - respondí, aunque me moría por saber que había dicho de mí.
- En fin, Becca es demasiado nena para él. Es obvio que busca a alguien un poco más madura, como yo.
- Si tienes apenas un año más que Bec - repliqué, recordando aquel día en la playa que había conocido a Ollie. A él no parecía preocuparle la edad -. Y tú ¿cómo sabes? - pregunté -. Yo sé de buena fuente que la edad no es algo que lo detenga.
Jad me miró con atención.
- ¿De qué buena fuente? ¿Lia?
- No, alguien que conozco.
Jade asintió como si se le estuviera encendiendo una bombilla de luz en su cabeza. -Ah, ya entiendo. Ya me parecía que ustedes se habían conocido antes de ir a Rock. Tú eras la chica con quien estuvo en Cawsand, ¿verdad? ¿Si o no? Si no, ¿cómo habría sabido tu nombre?
Sentí que me ponía colorada. Maldición.
No respondí.
- ¿ Y Becca y Zoom saben de tu pequeña aventura? - preguntó Jade.
- No hay nada para contar - repliqué, turbada.
- Yo creo que sí - dijo, riendo -. Creo que hay mucho que contar y que les interesará mucho oírlo.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
A puro Rock
Llegamos a Rock apenas pasadas las cuatro. Todas nos habíamos maquillado en el autobús y estábamos de humor para nuestro gran proyecto: encontrar chicos. Por suerte, Becca había adjudicado mi comportamiento de los últimos días a las hormonas y me había perdonado por decirle la verdad. Estaba hermosa. Era su "gran día". Hacía semanas que estaba anciosa por conocer a Ollie y había pasado la mañana entera secándose el cabello hasta que le quedó lacio y brillante como seda roja. Ella y Lia se cepillaron por última vez y bajaron del autobús.
- ¿Estoy bien? - preguntó Becca, subiéndose el top ajustado -. Tal vez no debí ponerme esto. Me hace enorme. Debería haberme puesto el top azul.
- Becca - le dije -. Te ves fabulosa. Tranquilízate.
Siempre era lo mismo. Desde que la conocía, Becca se había sentido demasiado corpulenta. Como si lo fuera. Es el caso típico de la chica que quiere ser Kate Moss cuando en realidad se parece más a Kate Winslet. Nadie está nunca conforme, pensé. Yo deseaba ser alta y con curvas como ella, y ella deseaba tener cabello lacio como yo.
- Bien, evaluemos la situación - dijo, mirando alrededor la cantidad de autos -. ¿La playa o el café?
- La playa - propuso Lia -. Mejor la aprovechamos antes de que oscurezca. Le dije a Ollie que lo veríamos en el Mariner´s Arms como a las seis y media.
- Ollie. Qué bien - dijo Jade, y se puso en marcha por el sendero angosto que conducía al mar entre arbustos de flores amarillas. Becca hizo una mueca a sus espaldas y Lia y yo reímos. Esto iba a estar interesante, pensé. Jade y Becca peleando por Ollie. Yo no, claro; me era completamente indiferente. Bueno, tampoco tanto.
Decidimos caminar por la playa y luego elegir un sitio donde sentarnos a ver pasar la vida. Había muchísima gente para esta época del año, pero supongo que todos querían aprovechar lo que podría ser el último día bonito antes de que empezara el otoño. Había gente de picnic y mirando pasar los barcos; otros, jugando frisbee o a la pelota o paseando perros. Del otro lado de la bahía, acababa de llegar un perry desde Padstow y se veían grupos de adolescentes bajando por la pasarela hacia la playa, evaluando el lugar, como nosotras, buscando algo bueno.
Lia sonrió.
- Creo que quizá tenga que ir a nadar.
- ¿Estás loca? - le pregunté. Estaba toda vestida y, aunque era un día de sol, había un viento muy fresco como para desvestirse.
- Ah ya te capto - dijo Jade -. Decididamente merece un diez.
Seguí la dirección de sus miradas y vi a un chico espectacular con traje de baño mojado, que estaba sentado con un par de binoculares.
- Yo quizá tenga que ahogarme - agregó Jade, riendo -. Ese guardavidas es divino -. Caminó con aire presuntuoso hacia donde estaba él -. Oh, sálvame, sálvame, me ahogo.
- Ojalá se ahogara - murmuró Becca, mientras el muchacho miraba a Jade y luego se volvía nuevamente hacia el mar con expresión aburrida, como si no fuese nada nuevo.
Después de nuestro paseo, Jade divisó un grupo de muchachos sentados junto a una de las embarcaciones.
- Parecen divertidos - dijo -. Vamos a sentarnos cerca de ellos.
Lia echó un vistazo y menó la cabeza.
- No me paece buena idea.
Pero Jade no le hizo caso y fue a sentarse cerca de ellos. Empezó su rutina de coqueteo acomodándose el cabello y mirándolos cada tanto.
Eran cuatro y parecían estar jugando a algo. Tenían montones de latas de cerveza y había un chico regordete con un cronómetro; cada treinta segundos aproximadamente, llenaba los vasos y todos los bebían de un trago.
Mientras terminaba el líquido de su vaso, reparó en Jade, que hacía su rutina.
- La idea es beber lo más posible sin orinar - explicó, con voz muy elegante pero arrastrando las palabras.
- Ah, muy astutos - observó Becca.
- Somos Rupert, hic, Baz, Henry y Patrick - dijo un chico rubio, al tiempo que señalaba a cada uno.
- ¿Y cual es hic? - pregunté a Lia.
- Jade, Lia, Becca y Cat - dijo Jade, que no parecía darse cuenta de que aquellos chicos estaban totalmente borrachos.
- ¿A qué escuela van? - preguntó Rupert.
- No les hagan caso - dijo Lia cuando Baz se levantó y fue a sentarse frente a ella.
La miró con los ojos completamente desenfocados.
- Oye, eres preciosa - le dijo -. ¿Quieres que te dé unos besos?
Henry se puso de pie y vino a sentarse junto a mí. Cuando se acercó, su aliento apestaba a alcohol y tuve que reclinarme para alejarme del olor. Se inclinó hacia mí y señaló hacia arriba.
- Las estrellas están en el cielo, Cat - dijo, babeando -. Recuéstate, apoya la cabeza en mi hombro y te las haré ver.
- Vámonos - dije, mientras lo empujaba; me puse de pie y me encaminé hacia la pendiente que daba a los cafés.
- Cat, Cat - exclamó Henry -. No te vayas. Sé buena.
- Qué sarta de imbéciles - dijo Becca, levantándose y siguiéndome -. Alejémonos de ellos.
Lia se puso de pie pero Jade parecía reacia a moverse. Al final no le quedó otra opción que levantarse también, puesto que todas nos estábamos alejando.
- Vengan después a nuestra fiesta en la playa - nos gritó Baz -. En Plzeath Beach. Para entrar, sólo tienen que traer un poco de alcohol o un buen par de ... - e hizo el gesto de sostenerse los pechos.
Todos empezaron a reír con sorna; de pronto, Rupert puso cara de estar a punto de vomitar. Cruzó las piernas y se abalanzó detrás de un bote.
- Tengo que mear, tengo que mear ahora ... ahhhhhh.
- Los chicos pueden ser muy estúpidos - dijo Lia -. A veces me pregunto para qué nos molestamos.
- Ah, hasta que aparece uno especial - replicó Becca -. ¿A qué hora dijiste que nos encontraríamos con Ollie?
- Como a las seis y media - respondío Lia.
- Son todas unas aguafiestas - dijo Jade cuando nos alcanzó -. Sólo se divertían.
Lia volvió a mirarlos.
- No. Conocí a chicos así en mi escuela anterior. Son todos iguales, como cortados por la misma tijera. Hasta se visten igual, como si fuera un uniforme: mocasines marrones, cinturón marrón, pantalones de gabardina y camiseta de Ralph Lauren o Tommy Hilfiger.
Me di vuelta para echarles un vistazo. Lia tenía razón. Todos estaban vestidos de la misma manera.
Jade se había ofendido.
- Me pareció que eran buenos para variar un poco y salir de lo que vemos siempre en la escuela.
- Era una pérdida de tiempo - le respondió Lia -. Su lema es " Vida y Cerveza" .
Seguimos por el camino hacia el pub. Había un grupo de muchachos mayores sentados en un muro y no pude dejar de notar que ellos también tenían el mismo uniforme. Zapatos marrones, cinturón marrón, pantalones de gabardina. Uno de ellos meneó la cabeza cuando pasamos.
- Demasiado jóvenes, demasiado jóvenes - dijo, con aire triste. Él también parecía borracho, y un momento después, se cayó de espaldas.
La acera del Mariner´s Arms bullía de adolescentes. Habría unos cincuenta allí, riendo, bebiendo, estudiándose.
- Esto es el paraíso - dijo Jade, volviendo a animarse al observar los grupos de chicos en la multitud -. Me siento como en casa. Esteee ... voy a dar una vuelta. Hasta luego.
Dicho eso, desapareció.
Becca sacó su espejo para renovar su lápiz labial.
- Dios mío - chilló -. Mi pelo. Se enruló.
Pobre Becca. Su cabello es la maldición de su vida. Personalmente creo que le sientan bien los rulos, pero ella los odia y siempre está comprando productos nuevos para mantenerlo lacio. Nunca le sirven de nada, porque apenas sale de su casa ( especialmente si hay humedad en el aire, como aquí ) recupera sus rulos naturales.
- Tengo que arreglarme antes de que veamos a Ollie - dijo -. Voy a buscar el baño. No hagan nada sin mí.
Le aseguramos que no, pero ya veíamos algunos chicos que nos miraban y se codeaban.
- Disculpa - dijo un chico de cabello oscuro que se acercó a Lia -, por casualidad, ¿tendrás calzones para prestarme?
Lia se desconcertó, pero yo estaba intrigada; nunca había oído a nadie iniciar una conversación así.
- Lo siento - le respondió Lia -. No me queda ninguno.
- Entonces, ¿me cambiarías los que tienes por los míos? - insisitió él, mientras empezaba a bajarse la cremallera de los pantalones.
- Desaparece - replicó Becca, dándole la espalda.
Luego se me acercó un chico.
- ¿Tienes una moneda de veinte? - me preguntó.
Busqué en mi bolso.
- Ehh, no ... Sólo tengo de una libra.
- Tiene que ser de veinte - dijo, sonriendo.
- ¿Por qué?
- Para llamar a tu papá y avisarle que esta noche no vuelves a casa.
- ¡Cat! - interrumpió una voz severa detrás de mí -. ¡Sabes muy bien que no puedes salir del reformatorio sin un guardia!
Di media vuelta y allí estaba Ollie.
- Ya puedes irte - le dijo al otro chico -, antes de que le dé uno de sus ataques y te mate.
El chico huyó y eché a reir, mientras Ollie me miraba, sonriendo.
- Hola, Cat - dijo.
Como siempre, estaba divino. Allí había algunos chicos bastante lindos, pero Ollie se destacaba entre todos. De pronto, el ambiente parecía haberse suavizado, como si la realidad se hubiese desdibujado un poco.
- Hola - respondí.
En ese momento, Becca reapareció en la escalera del pub. Al ver a Ollie, se puso más colorada que su cabello y avanzó entre la multitud, ruborizada como una novia camino al altar.
- Ollie, Becca, mi amiga - dijo Lia -. Becca, Ollie.
Ollie la miró con una sonrisa cautivante.
- ¿Alguna vez te dijeron que te pareces a Nicole Kidman? - le preguntó.
No podría haber dicho nada mejor, Nicole es más delgada que Kate Winslet. Becca estaba volando. Cautivada. Perdidamente seducida.
- Y yo soy Jade - ronroneó Jade, apareciendo de la nada y tomando a Ollie del brazo -. Tú debes ser el famoso Ollie Axford.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
- ¿Estoy bien? - preguntó Becca, subiéndose el top ajustado -. Tal vez no debí ponerme esto. Me hace enorme. Debería haberme puesto el top azul.
- Becca - le dije -. Te ves fabulosa. Tranquilízate.
Siempre era lo mismo. Desde que la conocía, Becca se había sentido demasiado corpulenta. Como si lo fuera. Es el caso típico de la chica que quiere ser Kate Moss cuando en realidad se parece más a Kate Winslet. Nadie está nunca conforme, pensé. Yo deseaba ser alta y con curvas como ella, y ella deseaba tener cabello lacio como yo.
- Bien, evaluemos la situación - dijo, mirando alrededor la cantidad de autos -. ¿La playa o el café?
- La playa - propuso Lia -. Mejor la aprovechamos antes de que oscurezca. Le dije a Ollie que lo veríamos en el Mariner´s Arms como a las seis y media.
- Ollie. Qué bien - dijo Jade, y se puso en marcha por el sendero angosto que conducía al mar entre arbustos de flores amarillas. Becca hizo una mueca a sus espaldas y Lia y yo reímos. Esto iba a estar interesante, pensé. Jade y Becca peleando por Ollie. Yo no, claro; me era completamente indiferente. Bueno, tampoco tanto.
Decidimos caminar por la playa y luego elegir un sitio donde sentarnos a ver pasar la vida. Había muchísima gente para esta época del año, pero supongo que todos querían aprovechar lo que podría ser el último día bonito antes de que empezara el otoño. Había gente de picnic y mirando pasar los barcos; otros, jugando frisbee o a la pelota o paseando perros. Del otro lado de la bahía, acababa de llegar un perry desde Padstow y se veían grupos de adolescentes bajando por la pasarela hacia la playa, evaluando el lugar, como nosotras, buscando algo bueno.
Lia sonrió.
- Creo que quizá tenga que ir a nadar.
- ¿Estás loca? - le pregunté. Estaba toda vestida y, aunque era un día de sol, había un viento muy fresco como para desvestirse.
- Ah ya te capto - dijo Jade -. Decididamente merece un diez.
Seguí la dirección de sus miradas y vi a un chico espectacular con traje de baño mojado, que estaba sentado con un par de binoculares.
- Yo quizá tenga que ahogarme - agregó Jade, riendo -. Ese guardavidas es divino -. Caminó con aire presuntuoso hacia donde estaba él -. Oh, sálvame, sálvame, me ahogo.
- Ojalá se ahogara - murmuró Becca, mientras el muchacho miraba a Jade y luego se volvía nuevamente hacia el mar con expresión aburrida, como si no fuese nada nuevo.
Después de nuestro paseo, Jade divisó un grupo de muchachos sentados junto a una de las embarcaciones.
- Parecen divertidos - dijo -. Vamos a sentarnos cerca de ellos.
Lia echó un vistazo y menó la cabeza.
- No me paece buena idea.
Pero Jade no le hizo caso y fue a sentarse cerca de ellos. Empezó su rutina de coqueteo acomodándose el cabello y mirándolos cada tanto.
Eran cuatro y parecían estar jugando a algo. Tenían montones de latas de cerveza y había un chico regordete con un cronómetro; cada treinta segundos aproximadamente, llenaba los vasos y todos los bebían de un trago.
Mientras terminaba el líquido de su vaso, reparó en Jade, que hacía su rutina.
- La idea es beber lo más posible sin orinar - explicó, con voz muy elegante pero arrastrando las palabras.
- Ah, muy astutos - observó Becca.
- Somos Rupert, hic, Baz, Henry y Patrick - dijo un chico rubio, al tiempo que señalaba a cada uno.
- ¿Y cual es hic? - pregunté a Lia.
- Jade, Lia, Becca y Cat - dijo Jade, que no parecía darse cuenta de que aquellos chicos estaban totalmente borrachos.
- ¿A qué escuela van? - preguntó Rupert.
- No les hagan caso - dijo Lia cuando Baz se levantó y fue a sentarse frente a ella.
La miró con los ojos completamente desenfocados.
- Oye, eres preciosa - le dijo -. ¿Quieres que te dé unos besos?
Henry se puso de pie y vino a sentarse junto a mí. Cuando se acercó, su aliento apestaba a alcohol y tuve que reclinarme para alejarme del olor. Se inclinó hacia mí y señaló hacia arriba.
- Las estrellas están en el cielo, Cat - dijo, babeando -. Recuéstate, apoya la cabeza en mi hombro y te las haré ver.
- Vámonos - dije, mientras lo empujaba; me puse de pie y me encaminé hacia la pendiente que daba a los cafés.
- Cat, Cat - exclamó Henry -. No te vayas. Sé buena.
- Qué sarta de imbéciles - dijo Becca, levantándose y siguiéndome -. Alejémonos de ellos.
Lia se puso de pie pero Jade parecía reacia a moverse. Al final no le quedó otra opción que levantarse también, puesto que todas nos estábamos alejando.
- Vengan después a nuestra fiesta en la playa - nos gritó Baz -. En Plzeath Beach. Para entrar, sólo tienen que traer un poco de alcohol o un buen par de ... - e hizo el gesto de sostenerse los pechos.
Todos empezaron a reír con sorna; de pronto, Rupert puso cara de estar a punto de vomitar. Cruzó las piernas y se abalanzó detrás de un bote.
- Tengo que mear, tengo que mear ahora ... ahhhhhh.
- Los chicos pueden ser muy estúpidos - dijo Lia -. A veces me pregunto para qué nos molestamos.
- Ah, hasta que aparece uno especial - replicó Becca -. ¿A qué hora dijiste que nos encontraríamos con Ollie?
- Como a las seis y media - respondío Lia.
- Son todas unas aguafiestas - dijo Jade cuando nos alcanzó -. Sólo se divertían.
Lia volvió a mirarlos.
- No. Conocí a chicos así en mi escuela anterior. Son todos iguales, como cortados por la misma tijera. Hasta se visten igual, como si fuera un uniforme: mocasines marrones, cinturón marrón, pantalones de gabardina y camiseta de Ralph Lauren o Tommy Hilfiger.
Me di vuelta para echarles un vistazo. Lia tenía razón. Todos estaban vestidos de la misma manera.
Jade se había ofendido.
- Me pareció que eran buenos para variar un poco y salir de lo que vemos siempre en la escuela.
- Era una pérdida de tiempo - le respondió Lia -. Su lema es " Vida y Cerveza" .
Seguimos por el camino hacia el pub. Había un grupo de muchachos mayores sentados en un muro y no pude dejar de notar que ellos también tenían el mismo uniforme. Zapatos marrones, cinturón marrón, pantalones de gabardina. Uno de ellos meneó la cabeza cuando pasamos.
- Demasiado jóvenes, demasiado jóvenes - dijo, con aire triste. Él también parecía borracho, y un momento después, se cayó de espaldas.
La acera del Mariner´s Arms bullía de adolescentes. Habría unos cincuenta allí, riendo, bebiendo, estudiándose.
- Esto es el paraíso - dijo Jade, volviendo a animarse al observar los grupos de chicos en la multitud -. Me siento como en casa. Esteee ... voy a dar una vuelta. Hasta luego.
Dicho eso, desapareció.
Becca sacó su espejo para renovar su lápiz labial.
- Dios mío - chilló -. Mi pelo. Se enruló.
Pobre Becca. Su cabello es la maldición de su vida. Personalmente creo que le sientan bien los rulos, pero ella los odia y siempre está comprando productos nuevos para mantenerlo lacio. Nunca le sirven de nada, porque apenas sale de su casa ( especialmente si hay humedad en el aire, como aquí ) recupera sus rulos naturales.
- Tengo que arreglarme antes de que veamos a Ollie - dijo -. Voy a buscar el baño. No hagan nada sin mí.
Le aseguramos que no, pero ya veíamos algunos chicos que nos miraban y se codeaban.
- Disculpa - dijo un chico de cabello oscuro que se acercó a Lia -, por casualidad, ¿tendrás calzones para prestarme?
Lia se desconcertó, pero yo estaba intrigada; nunca había oído a nadie iniciar una conversación así.
- Lo siento - le respondió Lia -. No me queda ninguno.
- Entonces, ¿me cambiarías los que tienes por los míos? - insisitió él, mientras empezaba a bajarse la cremallera de los pantalones.
- Desaparece - replicó Becca, dándole la espalda.
Luego se me acercó un chico.
- ¿Tienes una moneda de veinte? - me preguntó.
Busqué en mi bolso.
- Ehh, no ... Sólo tengo de una libra.
- Tiene que ser de veinte - dijo, sonriendo.
- ¿Por qué?
- Para llamar a tu papá y avisarle que esta noche no vuelves a casa.
- ¡Cat! - interrumpió una voz severa detrás de mí -. ¡Sabes muy bien que no puedes salir del reformatorio sin un guardia!
Di media vuelta y allí estaba Ollie.
- Ya puedes irte - le dijo al otro chico -, antes de que le dé uno de sus ataques y te mate.
El chico huyó y eché a reir, mientras Ollie me miraba, sonriendo.
- Hola, Cat - dijo.
Como siempre, estaba divino. Allí había algunos chicos bastante lindos, pero Ollie se destacaba entre todos. De pronto, el ambiente parecía haberse suavizado, como si la realidad se hubiese desdibujado un poco.
- Hola - respondí.
En ese momento, Becca reapareció en la escalera del pub. Al ver a Ollie, se puso más colorada que su cabello y avanzó entre la multitud, ruborizada como una novia camino al altar.
- Ollie, Becca, mi amiga - dijo Lia -. Becca, Ollie.
Ollie la miró con una sonrisa cautivante.
- ¿Alguna vez te dijeron que te pareces a Nicole Kidman? - le preguntó.
No podría haber dicho nada mejor, Nicole es más delgada que Kate Winslet. Becca estaba volando. Cautivada. Perdidamente seducida.
- Y yo soy Jade - ronroneó Jade, apareciendo de la nada y tomando a Ollie del brazo -. Tú debes ser el famoso Ollie Axford.
" Mentiras Inocentes " ; Cathy Hopkins
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